Violencia policial en Ecuador durante protestas contra las reformas de Noboa

Quito. El viernes 16 de marzo, la policía utilizó la fuerza contra una manifestación en Quito. La protesta, organizada por el Frente Nacional, el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) y la Unión Nacional de Docentes (UNE), es contra una serie de medidas, entre ellas el acuerdo ministerial MDT-2026-059, que permite reestructurar la semana de 40 horas en turnos de hasta diez horas diarias. Los líderes sindicales describen esto como “anti-empleados”.

Otros puntos de discordia incluyen la Ley de Minería y Energía, que permite la extracción de materiales rocosos en las Islas Galápagos, así como reformas a la Ley de Autogobierno Territorial (COOTAD), que podrían resultar en recortes a los programas sociales a nivel municipal y de prefectura.

Los manifestantes también critican el reciente acuerdo del FBI con Estados Unidos, que permite la presencia permanente de agentes del FBI en el país. Los ecuatorianos ya se habían pronunciado contra el establecimiento de bases militares extranjeras en el referéndum fallido de noviembre de 2025, resultados que, según los manifestantes, el gobierno de Noboa ahora ignora.

La protesta comenzó pacíficamente pero ha estado acompañada de una presencia policial y militar masiva desde su inicio. A las 18.15 horas, policías en motocicletas dispersaron a la multitud en la Plaza Santo Domingo, en el centro histórico de Quito. Los manifestantes habían informado anteriormente de la presencia de tanques y vehículos militares. La operación se desarrolló con bombas lacrimógenas y granadas paralizantes. La multitud se dispersó por distintas zonas del centro de la ciudad hasta que uniformados tomaron el control total de la plaza. “La policía siempre se comporta así cuando están en el poder gobiernos ilegítimos”, dijo un manifestante.

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La protesta se desarrolló bajo la sombra de un estado de emergencia. Esa misma noche, entró en vigor un toque de queda en cuatro provincias, una herramienta que, según las comunidades, se utiliza cada vez más para reprimir las protestas (informó Amerika21). Escenas similares ocurrieron en al menos 19 ciudades ecuatorianas el mismo día, entre ellas Guayaquil, Esmeraldas, Riobamba, Cuenca, Machala, Loja y Lago Agrio.

Durante la visita a organismos internacionales de derechos humanos del 2 al 5 de marzo de 2026, los organismos informaron con gran preocupación sobre la situación de derechos humanos en Ecuador. En el centro del informe: La rápida restricción del margen de acción de la sociedad civil y la criminalización de los activistas de derechos humanos y ambientales, especialmente mediante el uso de las llamadas Demandas Estratégicas contra la Participación Pública (SLAPP), que se refieren a procedimientos legales estratégicos contra activistas. Desde 2025, estas causas penales se han abierto ante el Ministerio Público y se han bloqueado cuentas bancarias de activistas ambientales y líderes indígenas. En la práctica, los casos a menudo no son procesados, pero en algunos casos los jueces ya han ordenado la liberación de cuentas bloqueadas porque falta información incriminatoria. Sin embargo, esta estrategia sirve para intimidar.

Las organizaciones también habían documentado ya la violencia contra los manifestantes: prácticas arbitrarias contra organizaciones de la sociedad civil y represión violenta de protestas pacíficas en el contexto de la normalización de los estados de emergencia. Esto va acompañado de la implementación de una política orientada a la seguridad con una vigilancia y militarización crecientes con el pretexto de una grave crisis de seguridad, así como de la erosión de la independencia judicial y el Estado de derecho.