Santiago. La primera gran manifestación desde el cambio de gobierno en Chile terminó el domingo con el uso de cañones de agua y gases lacrimógenos. Bajo el lema “No a la regresión en la protección del medio ambiente”, alrededor de 30.000 manifestantes salieron a las calles en un total de 15 ciudades con motivo del Día Mundial del Agua. Su protesta se dirigió principalmente contra los cambios legislativos previstos por el nuevo gobierno de ultraderecha del presidente José Antonio Kast. Organizada por importantes organizaciones ambientalistas, la manifestación en la capital Santiago fue pacífica. Hacia el final de la movilización, sorprendentemente se utilizaron cañones de agua, gases lacrimógenos y porras frente al palacio presidencial.
Ruidosa, colorida, artística y animada, la multitud recorrió la capital. El desfile parecía una salida familiar: muchos niños participaban en el desfile a hombros de sus padres, trajes coloridos y un tren lento, casi pausado, avanzaba por la Alameda. Hubo tambores, cantos, saltos y banderas ondeando de manera disciplinada en un solo lado de la calle. Del tren destacaban pingüinos de todos los tamaños y formas, sobre todo por sus hábitats en peligro de extinción.
La protesta se dirigió principalmente contra la liberalización prevista de la legislación medioambiental por parte del nuevo gobierno, en el poder desde el 11 de marzo. En Chile, Augusto Pinochet jugó un papel pionero en la introducción del neoliberalismo. En el sistema económico de América Latina, la privatización del agua era parte del modelo económico. Esto tuvo importantes consecuencias ecológicas. El agua de propiedad privada de la industria agrícola se utiliza para la producción industrial orientada a la exportación, por ejemplo para los aguacates, el “oro verde” de Chile. Así surgieron las llamadas zonas de sacrificio, zonas muy contaminadas en las que la producción destinada a maximizar los beneficios hace casi imposible la supervivencia de las personas y de la naturaleza.
Cristóbal Rodríguez, portavoz del Movimiento por el Acceso al Agua y a la Tierra y por la Protección del Medio Ambiente (Modatima), dijo frente al edificio gubernamental: “Investigaciones independientes muestran que nuestro país es el más expuesto al cambio climático y a la escasez de agua en América Latina. (…) Debemos defender el agua ahora”.
En este contexto, el gobierno chileno del presidente de izquierda moderada Gabriel Boric había puesto sus miras en los derechos de agua. La reforma a la ley de aguas de 2022 permitió al estado priorizar el agua para abastecer a la población.
Kast atacó duramente estos cambios incluso antes de asumir el cargo. “Adiós directrices medioambientales, adiós ideología” es una de sus frases más célebres. El político de derecha critica lo que considera una burocracia compleja, mientras que abogados como Ximena Insunza enfatizan que en la práctica ocurre exactamente lo contrario. En particular, unas directrices nacionales uniformes sobre derechos de agua proporcionarían seguridad jurídica.
Al final de la movilización, varios agentes de policía con casco, un cañón de agua y un autobús policial se pararon frente a los activistas que bailaban frente al edificio gubernamental “Palacio de La Moneda”. Al principio todo permaneció en silencio. Al cabo de una hora y media la multitud empezó a dispersarse; algunos ya se habían sentado en un prado y comían sus bocadillos.
De repente se volvió ruidoso. La policía persiguió a varias personas y se utilizaron cañones de agua y gases lacrimógenos. Gran parte de la multitud se retiró, pero los cañones de agua también apuntaron a las personas que ya se habían retirado. En total siete personas fueron detenidas durante la represión contra los manifestantes.