Rubio pide una redefinición del orden mundial en Alemania

Munich. En la conferencia de seguridad de este año en Munich, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, destacó la asociación transatlántica entre Estados Unidos y Europa como fundamental para abordar los desafíos globales. Al mismo tiempo, calificó de fracaso el actual orden mundial multilateral. Rubio enfatizó que Europa y Estados Unidos comparten una historia y una cultura comunes y deben fortalecer sus relaciones para abordar eficazmente los desafíos internacionales. En este contexto, destacó la importancia de una Europa fuerte y acorde con la agenda de la administración Trump. Estados Unidos está dispuesto a trabajar con Europa, pero también actuaría solo si fuera necesario.

Un elemento central de su discurso fue la evaluación de que la migración representa una de las mayores amenazas para las sociedades occidentales y que las instituciones multilaterales han fracasado. En este contexto, criticó duramente a las Naciones Unidas y destacó el papel de Estados Unidos en conflictos como los de Gaza, Ucrania, Venezuela e Irán, que, según él, no podrían haberse resuelto sin el liderazgo estadounidense.

Rubio también criticó la política climática. En su opinión, las regulaciones ambientales restrictivas obstaculizan el desempeño económico de Occidente y contribuyen a debilitar su propia posición. Citando una identidad occidental común, llamó a la defensa de lo que llamó “civilización occidental”. Enfatizó varias veces esta idea de superioridad cultural en sus declaraciones. Presentó las fortalezas militares, económicas y culturales como factores indispensables para el futuro.

Nada pasa sin musgo

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Desde la perspectiva del Sur Global, particularmente de América Latina, el enfoque de Rubio podría tener consecuencias de largo alcance. El discurso puede entenderse no sólo como política exterior estadounidense, sino como un proyecto para reordenar el mundo desde una perspectiva exclusivamente occidental, escribe el diario argentino página/12. Este proyecto tiene como objetivo vincular la seguridad, los intereses económicos y la identidad cultural, lo que se espera que tenga un impacto directo en la migración, el uso de recursos y la autonomía en América Latina.

La voluntad de Rubio de actuar solo si es necesario apunta a una relación vertical entre Europa y Estados Unidos, en la que las instituciones multilaterales como las Naciones Unidas son vistas más como un obstáculo que como una fuerza estabilizadora. Clasificar la migración como una amenaza a la seguridad también podría reforzar aún más los discursos racistas y servir para legitimar políticas restrictivas.

Está surgiendo un escenario para América Latina en el que los gobiernos podrían enfrentar una mayor presión para adaptarse en cuestiones comerciales, energéticas y de seguridad con el fin de obtener acceso a asociaciones preferenciales. Se consideran posibles acontecimientos un endurecimiento de las políticas migratorias, la subcontratación de los controles migratorios y unas fronteras más militarizadas. En última instancia, el discurso de Rubio trata de realinear las alianzas y vincular una jerarquía política con la autoimagen y las ideas de superioridad occidentales.