Resistencia indígena en México: de la “guerra de castas” al “Tren Maya”

Las conversaciones en las que se basa este artículo fueron sostenidas por el autor con el indígena maya y miembro del Congreso Nacional Indígena Ángel Sulub entre el 1 y 4 de mayo durante las actividades ceremoniales de la Cruz Parlante entre la Ciudad de México y la ciudad de Felipe Carrillo Puerto (antes Chan Santa Cruz).

El 13 de abril de 2026, descendientes de rebeldes indígenas conmemoraron la última gran batalla del levantamiento maya máasewáal en lo que hoy es el sur de México, incorrectamente llamada “Guerra de Castas”. Su resistencia, primero contra los “conquistadores” españoles y finalmente contra el ejército federal mexicano, defendió la autonomía en el sureste de la península de Yucatán hasta el siglo XX. No fue hasta 1902 que el territorio en disputa se incorporó al joven estado nación como “Quintana Roo”. La “Guerra de Castas” duró oficialmente de 1847 a 1901, lo que la convirtió en uno de los levantamientos anticoloniales más largos del continente. ¿Pero realmente se acabó?

La Batalla de Dzulá, conmemorada el 13 de abril en el Centro Comunitario Maya U Kúuchil K Ch ́i ́lbalo ́on, tuvo lugar mucho después del fin historiográfico de la “Guerra de Castas”, en 1933. En ese momento, un contingente de luchadores mayas liderados por Evaristo Sulub se opuso al ejército mexicano luego de que el gobierno federal mexicano hubiera otorgado concesiones de partes del bosque a empresas nacionales e internacionales para su explotación económica. Después del conflicto armado, los mayas huyeron a X-Cacal Guardia, último refugio de la guerrilla desde que la antigua capital de los rebeldes, Chan Santa Cruz, fue tomada militarmente por tropas del dictador mexicano Porfirio Díaz en 1901. En la misma ciudad que hoy lleva el nombre de Felipe Carrillo Puerto, Ángel Sulub, bisnieto de Evaristo, explica:

“Muchas de las personas mayores dicen que la guerra nunca terminó, ni en 1901 ni siquiera en 1933. No hablan de la ‘guerra de castas’, sino de ‘Noj Ba’atetambal’ – el ‘gran conflicto’, de la ‘gran guerra’. Y ven esta gran lucha, más precisamente el ‘espíritu de la gran lucha’, como algo que comenzó con la colonización, con la llegada de los españoles, es decir, como una historia de resistencia que ha Hemos pasado por diferentes fases Don Aniceto, abuelo y parte de nuestro centro comunitario, dice que en 1933, después de la represión y expulsión de los mayas en Dzulá, comienza la tercera fase de esta lucha, y en esta fase también nos ubica a nosotros, es decir, el presente, nuestra resistencia.

Como en 1901 y 1933, esto está dirigido contra la militarización, la deforestación y los ataques a la autonomía en el territorio de los Máasewáal. La campaña militar contra los mayas en aquella época se basó principalmente en los proyectos ferroviarios del ejército, que allanaban el camino a las fuerzas armadas a través del bosque y al mismo tiempo transportaban la madera talada para exportarla a los puertos fortificados de la costa. Cualquier forma de autogobierno indígena debe ser eliminada, se quejaron los descendientes de los rebeldes en su “Declaración sobre el genocidio en Quintana Roo: la destrucción parcial del pueblo maya rebelde y la memoria de la autonomía” de 2022.

“El objetivo de la integración a la nación mexicana se perseguía en ese momento a través de la disciplina en el marco de las misiones educativas, así como a través de nuevos proyectos en las áreas de comunicación, transporte e infraestructura. (…) A esto siguió la imposición de la ‘identidad mexicana’ a los pueblos mayas. La reorganización territorial estaba en pleno apogeo”, continúa la declaración.

Desde 2018, esta reorganización colonial-capitalista del territorio ha sido impulsada por el llamado “Tren Maya” (informó Amerika21). Las conexiones ferroviarias y por carretera del “Tren Maya” y el Corredor Interoceánico en el Istmo de Tehuantepec conectan toda una serie de megaproyectos controvertidos en el sur del país: parques energéticos e industriales, monocultivos, granjas industriales o proyectos inmobiliarios y turísticos amenazan ecosistemas, comunidades indígenas e historias mucho más allá del territorio de los máasewáal mayas. Muchos colectivos indígenas ya afirmaron lo siguiente en 2024, cuando el presidente saliente López Obrador entregó el cargo a su sucesora Sheinbaum, quien hoy sigue avanzando tanto en el “Tren Maya” como en el Corredor Interoceánico:

“Nuestros pueblos siempre han cuidado la naturaleza en estas áreas: las selvas, los bosques, el agua, el viento, el mar. Estos lugares son sagrados y fortalecen nuestra espiritualidad y nuestra forma de vida. El gobierno afirma, bajo la narrativa del ‘progreso’, que un gobierno por fin ‘cuida’ el sureste de México, que ahora nos ‘desarrollaremos’, que saldremos de la pobreza con el Tren Maya y el Corredor Interoceánico, pero protestamos porque, lamentablemente, sólo tienen sus ojos. Sureste para saquearnos y destruirnos con sus trenes, gasoductos, hoteles, proyectos inmobiliarios y parques industriales”.

Descendientes de la casta de guerreros sostienen una pancarta con una fotografía de Evaristo Sulub. Texto a continuación: "13 de abril de 1933 - Defensa de los máasewáal mayas contra el ejército invasor mexicano en el municipio de Dzulá - en memoria de nuestros abuelos y abuelas"

El centro comunitario maya U kúuchil k Ch’i’ibalo’on en Felipe Carrillo Puerto no ve la rebelión y la represión de 1901 o 1933 como algo separado de los procesos de reestructuración actuales. Es por eso que el proyecto ferroviario también fue discutido el pasado 13 de abril, en paralelo al acto de conmemoración de la Batalla de Dzulá en Chan Santa Cruz. Sólo en el territorio de la “Guerra de Castas”, el “Tren Maya” ha provocado en los últimos ocho años la deforestación de al menos 20 millones de árboles y la destrucción de cenotes, que han sido perforados con 15.000 pilares de hormigón. Esta destrucción resulta no sólo en ecocidio a través de la transformación del territorio, sino también en etnocidio a través del ataque al modo de vida maya máasewáal. Es otra fase de la ‘gran guerra’, que, tras la “declaración de genocidio”, no terminó en 1901, cuando la campaña militar de Porfirio Díaz invadió las zonas rebeldes:

“Hoy, más de un siglo después de aquel ferrocarril porfirio, se está construyendo un ferrocarril que ha sido llamado ‘Maya’. Hay continuidades históricas y sistémicas entre las prácticas genocidas de aquella época y la lógica de despojo y explotación actual. Al igual que entonces, este tren está diseñado para el avance militar y la reorganización territorial, vinculado a la lógica del exterminio.”

Esta extinción no significa sólo la muerte física, explica Ángel:

“Cuando escribimos la ‘Declaración del Genocidio en Quintana Roo’, con muchos expertos que se ocupan del fenómeno del genocidio, casi todos hablaban de diferentes fases del genocidio. Hay una fase en la que los pueblos son exterminados directamente – ya sea con armas o por otros medios – pero también hay otras fases que son más sutiles, y en eso todos coincidieron: hay una fase en la que se produce una sustitución, una represión de la memoria. Es decir, la memoria de los pueblos es borrado, cambiado o reemplazado por algo nuevo, a través de una construcción que en este caso la lleva a cabo el Estado nación. Esto lo vemos en la construcción de la identidad mexicana y en nuestro caso específicamente en la creación de esta identidad de Quintana Roo, en la que hay un himno, una bandera, un traje, un traje que se conoce como traje típico de Quintana Roo, pero que también es una invención, con muchos elementos que, si bien provienen de los pueblos indígenas, son al fin y al cabo su verdadera identidad.

En la “Declaración de Genocidio” se cita el “borrado de la memoria de los mayas rebeldes y la autonomía” no sólo como su “olvido final” sino como “la falsificación de la memoria”.

“La declaración fue publicada en 2022 como una contranarrativa a las celebraciones oficiales por el 120 aniversario del estado de Quintana Roo. Los Máasewáal, que aún hoy son rebeldes, lo ven como una apropiación y falsificación de la historia de resistencia de sus antepasados ​​dentro de la ‘identidad inventada’ de México y Quintana Roo.”

En mayo de 2026, en medio de las celebraciones de la Cruz Parlante, desde la “Guerra de Castas” y hasta el día de hoy el centro religioso-ceremonial de los Máasewáal en Felipe Carrillo Puerto, Ángel Sulub concluye en nuestra conversación sobre resistencia y memoria entre la “Guerra de Castas” y el “Tren Maya”:

“Muchas veces a estas celebraciones vienen políticos de gobierno y luego también hablan de la ‘Guerra de Castas’ como un momento histórico importante para los pueblos, pero sólo como un paso hacia el gran logro que es precisamente el estado de Quintana Roo y tener un gobierno democrático. No hablan de zonas autónomas, no hablan de las verdaderas razones por las que nuestros abuelos tomaron las armas, y por supuesto no hablan de que nuestros abuelos no se consideraban mexicanos”, sino como parte de un pueblo maya con el que se identificaban y Reconocieron su autonomía, poco a poco nos fue quedando claro que toda la historia de nuestro pueblo fue y está siendo utilizada para legitimar lo que los gobiernos hicieron y están haciendo”.

¿Qué podemos hacer ante esta situación desesperada? Es, en última instancia, la última pregunta. Y la primera respuesta está en la memoria.

Cuando las nubes anuncian la lluvia al final de la entrevista, lo que se considera una buena señal en las jornadas de mayo de la Cruz Parlante y que a menudo no ha llegado a materializarse en los últimos tiempos, el recuerdo parece estar dando frutos: en 2026, tras la partida de los políticos y su séquito, la declaración almajt’aan fue leída durante las celebraciones de mayo de la Cruz Parlante por primera vez en muchos años. En 1850, supuso la fundación de la capital rebelde: “Es un llamado a la resistencia y a la defensa. Es una advertencia y una promesa. Antes el almajt’aan se leía todos los años en los centros ceremoniales, pero ahora casi nunca. Hoy ha habido una iniciativa para volver a leerlo”, dice Ángel.