“Resistencia Creativa”: el nuevo programa de Cuba para 2026

La semana pasada, el gobierno cubano publicó el Programa Económico y Social 2026. “Vivimos en tiempos diferentes, y en este sentido es imprescindible hacer otras cosas”, afirma el documento. La situación en la república insular socialista es más que tensa. El bloqueo estadounidense que dura décadas y el reciente embargo petrolero de la administración Trump amenazan a Cuba más que nunca. La inflación está alcanzando proporciones enormes, el producto interior bruto (PIB) se ha reducido alrededor de un 75 por ciento desde 2019 y Washington habla abiertamente de una posible invasión. Pero el gobierno de Cuba no presenta un programa de austeridad para 2026, sino más bien un “plan de resistencia creativa”. El nuevo programa socioeconómico es una respuesta a una crisis multidimensional.

Uno de los principales objetivos del programa es recuperar la soberanía energética nacional. Washington apuesta por boicotear completamente el suministro de combustible a Cuba y, literalmente, apagar el interruptor de la luz en La Habana. En este contexto, el Partido Comunista de Cuba (PCC) apuesta por una expansión más rápida de las energías renovables hasta el 15 por ciento de la matriz, la reactivación de 572 megavatios de energía térmica, medidas masivas de ahorro, que incluyen el cierre de edificios administrativos enteros los domingos. El programa presentado cita las palabras de Fidel Castro: “Apagar una bombilla inservible, instalar un panel solar… Eso también es patriotismo”.

La cosecha y la seguridad alimentaria de la isla también están estrechamente vinculadas al suministro energético nacional. Por ello, la producción nacional, especialmente de alimentos, se declara como segundo pilar del programa. El objetivo es fortalecer la autosuficiencia comunitaria, apoyada en fuerza de tiro animal, fertilizantes orgánicos y un control riguroso de la tierra y el ganado, medidas difíciles de bloquear desde Washington. “Podemos resistir un bloqueo, pero no la falta de producción interna”, advirtió una vez Fidel Castro.

Como se anunció en diciembre, La Habana sufrirá profundos cambios en el modelo económico nacional. Lo que llama la atención en este contexto es el cambio de rumbo estratégico en el sector privado. Las empresas estatales deficitarias deberían convertirse, fusionarse o cerrarse. Un nuevo “Instituto de Valores Corporativos del Estado” tiene como objetivo modernizar el sector e impulsar aún más la economía nacional. Al mismo tiempo, se está promoviendo específicamente la integración con actores no estatales, predominantemente cooperativos, un paso pragmático que aún mantiene formas socialistas de propiedad.

Para alcanzar las metas de producción, el programa exige una dolarización parcial de la economía. El objetivo es, sobre todo, legalizar las transacciones en el mercado negro y devolver al Estado el control sobre los flujos de divisas. Las divisas procedentes de las exportaciones, el turismo y las remesas deberían invertirse específicamente en la producción de alimentos y la transición energética.

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A pesar de todas las limitaciones de austeridad, el programa enfatiza la inviolabilidad del sistema socialista. Por lo tanto, el séptimo objetivo principal es: “Consolidación y desarrollo de la política social”, centrándose en la protección de los niños, las personas mayores y las familias. El programa tiene como objetivo consagrar el empoderamiento de las mujeres, la participación de los jóvenes y la lucha contra el racismo. El socialismo no es un mero Estado de bienestar, sino un proyecto de participación activa y digna, explica el documento.

El lenguaje utilizado en la lucha contra la corrupción y los delitos relacionados con la malversación de fondos estatales es notablemente duro. Se define como una “cuestión de seguridad nacional”. “Cada peso robado es un peso que falta en el hospital, en la escuela, en los ancianos. Esto es un delito de traición a la patria”, dice el documento.

El presidente Díaz-Canel formuló el lema actual: “Unidad, continuidad y resistencia creativa”. El programa no es un archivo muerto, sino una herramienta de trabajo, “una guía para el trabajo diario”.

La implementación práctica depende de la capacidad de las administraciones locales, de la resistencia de la población y, sobre todo, de la incalculable pero creciente amenaza externa del imperialismo estadounidense. Sin embargo, el documento envía un mensaje claro: Cuba no se centra en quedarse quieta, sino en una transformación ambiciosa y profunda.