Bogotá. El presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, ha anunciado que se permitirá el acceso de la policía a las universidades públicas si se producen actos de terrorismo, vandalismo o violencia. Una operación correspondiente debería ser legal incluso si, en opinión del gobierno, se están preparando las acciones correspondientes. La medida debería ir acompañada de un protocolo a nivel nacional que distinga las protestas pacíficas de las acciones que el gobierno considera peligrosas o que alteran excepcionalmente el orden público.
De la Espriella sostiene que la autonomía universitaria no está por encima de la constitución ni del orden público y afirma que los campus universitarios no deben convertirse en “santuarios de la violencia”. El presidente dice que quiere procesar a quienes utilizan las universidades para almacenar artículos, planificar ataques o atacar a civiles y miembros de las fuerzas de seguridad. Al mismo tiempo, asegura que quiere proteger las protestas pacíficas.
El anuncio ha generado dudas entre la dirección universitaria. El rector de la Universidad Nacional, José Ismael Peña, aclaró que autonomía no significa que la universidad esté al margen de la ley. Si se comete un delito, la policía puede intervenir sin el permiso de la dirección de la universidad. Su preocupación se refiere más a los efectos de una operación policial generalizada. Según él, quienes cometen actos de violencia podrían mezclarse con los estudiantes y aprovechar las condiciones estructurales de los campus universitarios. Sin embargo, subrayó: “Tenemos aquí 25.000 personas cada día y puede ser contraproducente si un tanque de la policía entra en el campus porque puede herir a muchas otras personas”.
En el centro de la cuestión está la cuestión de qué significa la autonomía universitaria. El artículo 69 de la Constitución colombiana lo reconoce como garantía institucional. Esto no significa que las universidades estén fuera de la ley o sean zonas de inmunidad. Las universidades públicas son parte del estado, pero no están sujetas a la gestión jerárquica del gobierno. Su autonomía tiene como objetivo proteger la independencia de la enseñanza, la investigación y el pensamiento crítico del poder político.
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Por tanto, la cuestión no es si la policía puede perseguir delitos dentro de una universidad. Puede hacerlo si se cumplen los requisitos legales. Sin embargo, resulta problemático si el gobierno quiere determinar de antemano cuándo se permitirá a las fuerzas de seguridad entrar en un campus universitario. Los críticos de las medidas se preguntan quién decidirá que se esté preparando un “acto terrorista” dentro de un campus. ¿Y qué pruebas hay que presentar para ello? ¿La operación está dirigida contra personas concretas o puede afectar a toda la comunidad universitaria? Estas preguntas son relevantes porque la autonomía tiene como objetivo proteger a las universidades de los respectivos poderes políticos.
Por su parte, el rector de la Universidad del Valle, Guillermo Murillo Vargas, explicó que gran parte de la violencia asociada a su universidad se da en espacios públicos y no dentro de los edificios universitarios. Los ataques con artefactos explosivos en la zona afectan en última instancia a la propia comunidad académica. Por ello, coincidió en la necesidad de fortalecer las investigaciones para determinar quiénes están detrás de estos hechos.
Colombia tiene razones históricas para ser escéptico. En 1954, la policía ingresó al campus de la Universidad Nacional. Durante el operativo fue asesinado el estudiante Uriel Gutiérrez Restrepo. Al día siguiente, soldados del Batallón Colombia dispararon contra los manifestantes y mataron a once personas, entre ellas diez estudiantes. En 1971, otro enfrentamiento en la Universidad del Valle terminó con la muerte de 15 personas, según la universidad. En 1984, a una protesta le siguió un despliegue de fuerzas de seguridad en la Universidad Nacional, que también culminó en violencia excesiva.
El abogado Camilo Blanco cree que De la Espriella parte de la conclusión jurídicamente correcta de que la autonomía no está por encima de la Constitución, pero extrae de ella una conclusión errónea. Según Blanco, “esto no significa que las universidades públicas estén a discreción de las fuerzas de seguridad ni que una orden presidencial pueda sustituir las garantías constitucionales”.