Perú: Grupos criminales amenazan a comunidades indígenas en la región amazónica

Yurua. La organización indígena Regional AIDESEP Ucayali (ORAU) de la provincia peruana de Ucayali ha anunciado que la intimidación contra líderes indígenas y defensores de derechos humanos ha aumentado en la región fronteriza con Brasil.

En un comunicado del 25 de agosto, ORAU afirmó: “La presencia del crimen organizado y el aumento de actividades ilegales en nuestros territorios representan una amenaza creciente para los pueblos indígenas y para quienes trabajan en la defensa de sus derechos colectivos”. Este es particularmente el caso en áreas “afectadas por actividades relacionadas con el tráfico de drogas y otras industrias ilegales”.

Según Latinapress, más de 60 activistas medioambientales han sido asesinados en Perú desde 2012. Por ello, Perú es considerado uno de los países más peligrosos para quienes defienden la Amazonía contra actividades ilegales.

Si bien las redes criminales en Perú y otros países latinoamericanos utilizan la violencia para hacer valer sus intereses económicos, esos crímenes a menudo no se resuelven de manera consistente o rápida. Miembros de comunidades indígenas se quejan de la falta de presencia del gobierno en sus zonas. Esto facilita la propagación de actividades económicas ilegales y amenaza los medios de vida de las comunidades afectadas.

¿Pensar fuera de la caja?

Con tu donación podremos acercarte a lo que sucede día a día en América Latina.

La Sociedad para los Pueblos Amenazados (STP) señala la dimensión estructural de la violencia. Estos no son casos individuales desafortunados, sino más bien un patrón en el que los líderes de las comunidades indígenas son amenazados sistemáticamente porque se oponen a la explotación de su tierra natal. “Hacemos un llamado a los gobiernos de Brasil y Perú para que tomen medidas conjuntas contra las redes criminales que operan a través de las fronteras”, apela la Dra. Elina Fernandes, representante de los pueblos indígenas de la STP.

La presión sobre los recursos naturales de los territorios indígenas también surge de la demanda de los mercados capitalistas. El llamado extractivismo reduce los bosques, los ríos, los suelos y los recursos minerales a recursos monetariamente utilizables, cuyo valor está cada vez más determinado por su comerciabilidad internacional. Desde esta perspectiva, lo que forma parte del espacio vital de las comunidades afectadas y de su existencia social y cultural se convierte en una mera mercancía. La frontera entre explotación legal e ilegal sigue la línea de lógicas económicas similares.

Para las comunidades indígenas, este desarrollo significa que sus espacios de vida están sometidos a una presión económica cada vez mayor y que quienes se oponen a la explotación son repetidamente blanco de violencia.