Tegucigalpa. Una comisión independiente de expertos presentó este lunes los resultados de su investigación sobre el asesinato de la activista hondureña Berta Cáceres. En su trabajo de un año, el grupo reconstruyó la planificación y ejecución del crimen y demostró la responsabilidad de las empresas, las instituciones financieras y el Estado. Cáceres fue asesinada en su casa de La Esperanza la noche del 2 de marzo de 2016 debido a su trabajo contra el proyecto de la presa Agua Zarca.
“El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) concluye que el asesinato de Berta Cáceres fue resultado de una operación criminal organizada, cuidadosamente planeada y ejecutada, con la participación de sicarios, intermediarios con entrenamiento militar, empleados y directivos de la empresa Desarrollos Energéticos SA (DESA), así como el apoyo, la tolerancia y la vista gorda de diversos actores estatales”, dice el informe final.
El asesinato de Berta Cáceres tuvo motivos económicos y sirvió para proteger los intereses económicos del grupo empresarial familiar Atala Zablah, explicó la abogada Roxana Altholz al presentar el informe en Tegucigalpa. Al analizar chats, datos telefónicos e información sobre transacciones financieras, se pudo comprobar la participación directa e indirecta de funcionarios estatales, miembros de las fuerzas de seguridad, empresas y bancos en la planificación, ejecución y encubrimiento del crimen.
También se reveló que funcionarios hondureños tuvieron conocimiento de la planificación del asesinato desde el 4 de enero de 2016, pero no tomaron medida alguna para prevenir el crimen. Las investigaciones penales contra Mariano Díaz Chávez continúan desde 2015. El soldado, posteriormente condenado como uno de los principales autores del asesinato, tuvo acceso a armas, logística y personal armado y utilizó redes y conexiones con estructuras de seguridad del Estado para coordinar actividades ilegales.
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Otro tema central del informe trata de la responsabilidad de los bancos internacionales de desarrollo, las redes de corrupción y la malversación de fondos durante el proyecto de la presa. El GIEI pudo determinar que la empresa DESA desvió doce millones de dólares de los fondos de los bancos FMO, Finnfund y BCIE. Esto corresponde al 67 por ciento de los préstamos internacionales. Estos fondos se utilizaron, entre otras cosas, para vigilar a activistas, sobornar a funcionarios, periodistas y agentes de policía, y comprar tierras ilegalmente. “El caso Berta Cáceres es un ejemplo concreto de cómo se organiza el crimen y la explotación de los recursos naturales en el país”, afirmó el experto anticorrupción Pedro Biscay.
Otra parte del informe aborda la reparación integral de las víctimas. Entre las acciones y medidas se encuentran la investigación, procesamiento y sanción de las empresas responsables del asesinato, incluyendo a todos los actores vinculados al crimen, la titulación de la zona Lenca de Río Blanco y la revocación total de las licencias del proyecto Agua Zarca. La Comisión también señala la responsabilidad de los bancos internacionales de desarrollo a la hora de realizar reparaciones. El GIEI destaca que las medidas fueron formuladas con miras a garantizar su cumplimiento. “Su implementación efectiva es una condición necesaria para abordar los problemas estructurales de impunidad y violencia”.
El asesinato de Berta Cáceres fue la culminación de un largo proceso de persecución, vigilancia, criminalización y violencia contra la activista y la comunidad indígena Lenca de Río Blanco. El coordinador del Consejo de la Sociedad Civil de Organizaciones Indígenas y Populares de Honduras (COPINH) se encuentra bajo el amparo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde 2009. Hasta el momento, siete personas han sido condenadas que han sido identificadas como autores materiales del asesinato, entre ellos Roberto David Castillo Mejía, director de la empresa DESA. Sin embargo, los juicios estuvieron empañados por graves irregularidades que violaron los derechos de las víctimas, y quienes ordenaron y respaldaron el asesinato aún no han sido investigados.
Luego de años de compromiso y búsqueda incansable de la verdad y la justicia por parte de la familia de Berta Cáceres y el COPINH, el GIEI se instaló en Honduras el 14 de febrero de 2025. La base fue un acuerdo entre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH, el Estado de Honduras, el Consejo Civil de Organizaciones Indígenas y Populares de Honduras COPINH y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional CEJIL.