Ciudad de México. La presidenta de la Comisión de la UE, Ursula von der Leyen, y la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, firmaron un nuevo acuerdo de libre comercio en la capital de México. Durante la ceremonia de firma, 72 organizaciones de América Latina y la UE criticaron el acuerdo porque principalmente ampliaba los privilegios para las corporaciones.
Ante la política de aislamiento del presidente estadounidense Donald Trump, México y la UE quieren ampliar sus relaciones comerciales y su cooperación internacional. A diferencia del primer acuerdo de libre comercio del año 2000, el “acuerdo global modernizado” no sólo aborda cuestiones comerciales sino también el cambio climático, los derechos humanos y la cooperación internacional.
En el futuro, las empresas europeas deberían invertir más en áreas como infraestructuras, energía y la industria farmacéutica. Las empresas agrícolas mexicanas reciben acceso libre de impuestos a los mercados europeos. En la firma del acuerdo el 22 de mayo, von der Leyen habló de un “acuerdo fantástico” y anunció inversiones por valor de cinco mil millones de euros. Sheinbaum dijo que el acuerdo ofrecía una oportunidad para “fortalecer una relación estratégica” basada en el respeto mutuo y un futuro compartido.
A pesar de las altas expectativas del gobierno mexicano, muchas organizaciones critican los aspectos controvertidos del acuerdo, que fue negociado durante nueve años y ahora debe ser ratificado por los respectivos parlamentos.
Bettina Müller, consultora de política comercial y de inversión de la ONG berlinesa PowerShift, critica que las normas medioambientales y de derechos humanos sigan sin ser vinculantes en el acuerdo, “mientras que las empresas reciben derechos de acceso muy específicos”. El acuerdo también facilita a las empresas europeas el acceso a materias primas mexicanas.
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También se fortalecerán los mecanismos para proteger las inversiones extranjeras, particularmente en sectores estratégicos como la energía y la minería. Raúl Benet, biólogo de la Facultad de Ciencias de la Universidad Mexicana UNAM, advierte que estos mecanismos permiten a las empresas europeas presentar acciones legales contra el Estado mexicano en tribunales de arbitraje internacionales si consideran que las nuevas leyes afectan sus inversiones o ganancias esperadas. “Este podría ser el caso, por ejemplo, si México endurece las regulaciones ambientales, restringe los proyectos mineros, protege los territorios indígenas o cambia las regulaciones energéticas, aunque es justo señalar que el acuerdo reconoce formalmente la soberanía energética y el derecho del Estado mexicano a legislar en esta área”, escribe Benet.
El activista y biólogo recuerda que las empresas europeas en México no necesariamente actúan como promotoras de estándares ambientales progresistas, sino que “están involucradas en la extracción de materias primas, el suministro de energía, la industria, el sector inmobiliario y el turismo, lo que genera conflictos territoriales”. La paradoja es que un acuerdo presentado como “verde” podría en última instancia desencadenar “una nueva ola de explotación de recursos en territorios mexicanos bajo el pretexto de la descarbonización”. “Todavía cambiamos oro por cuentas de vidrio”, se lamenta Benet.
Los ejemplos más recientes de este tipo de proyectos son la controvertida construcción de la fábrica de amoníaco más grande de América Latina en territorio indígena de Sinaloa por parte de la empresa suizo-alemana Proman, financiada por el banco alemán KfW IPEX (informó Amerika21). En Michoacán, representantes de comunidades indígenas nahuas acusan a la empresa minera Ternium, con sede en Luxemburgo, de estar involucrada en la desaparición forzada del abogado Ricardo Lagunes y del activista Antonio Díaz Valencia (informó Amerika21).
Manuel Pérez Rocha, investigador del Instituto de Estudios Políticos con sede en Washington, también ve “una desigualdad muy fuerte” en los acuerdos de libre comercio. “Los ganadores son las grandes corporaciones que exportan e importan; no creo que esto sea una ventaja para el pequeño agricultor”, explica. Pérez Rocha considera que el principal interés de las empresas europeas es establecerse en México como plataforma exportadora para el mercado estadounidense.
El tema más preocupante para México, subraya Pérez Rocha, son “las numerosas demandas interpuestas por empresas extranjeras con pagos pendientes que ascienden a varios miles de millones de dólares”. Lamenta que “se haya puesto de moda decir que tenemos que crear seguridad jurídica para atraer inversiones, cuando en realidad la seguridad jurídica debería beneficiar al Estado y a las comunidades locales”.