Bogotá. Nuevos testimonios ante fiscales colombianos han reavivado el caso judicial contra la compañía carbonífera estadounidense Drummond por presuntos vínculos con paramilitares durante el conflicto armado en el departamento de Cesar.
Salvatore Mancuso, ex comandante de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y figura central de la justicia transicional desde su repatriación a Colombia en 2024, dijo que el entonces jefe de seguridad de la empresa, el coronel retirado Luis Carlos Rodríguez, entregó directamente a las estructuras paramilitares una lista de nombres de sindicalistas que iban a ser asesinados.
Según declaraciones captadas por Caracol Radio, entre las víctimas identificadas se encontraban Valmore Locarno y Víctor Hugo Orcasita, presidente y vicepresidente del sindicato Sintramienergética. Los dos fueron sacados a rastras de un autobús de la empresa en la carretera a Valledupar el 12 de marzo de 2001 y baleados. Gustavo Soler asumió la dirección del sindicato tras su muerte, pero también fue asesinado el 6 de octubre del mismo año. Drummond niega cualquier responsabilidad por los asesinatos de los sindicalistas.
Las declaraciones de Mancuso profundizan una contradicción jurídica entre la jurisprudencia colombiana y estadounidense, que la investigación de Revista Raya documentó en detalle: el poder judicial colombiano encontró responsabilidad penal para personas del entorno empresarial. Por el contrario, un jurado federal de Alabama falló a favor de Drummond en un caso de difamación en enero de 2026. Ordenó al abogado de las familias de las víctimas, Terrence Collingsworth, pagar a la empresa 256 millones de dólares. El juicio estadounidense, basado en la ley antimafia RICO, se centró únicamente en si Collingsworth mintió sobre sus acusaciones o sobornó a testigos. No se examinaron las pruebas que se habían desarrollado a lo largo de los años en los tribunales colombianos. El equipo jurídico anunció un recurso de apelación, argumentando que el juicio se había reducido a una discusión por difamación que imposibilitaba presentar la verdadera esencia del caso.
En Colombia, sin embargo, los asesinatos han tenido consecuencias jurídicas concretas. Jaime Blanco Maya, responsable de suministrar alimentos a los mineros a través de su empresa ISA, fue condenado a 38 años de prisión en 2013 por los asesinatos de Locarno y Orcasita y por asociación delictuosa con grupos paramilitares. En el tribunal, Blanco Maya acusó a los ejecutivos de Drummond de ser responsables de canalizar fondos a los paramilitares de las AUC mediante facturas infladas artificialmente en su contrato de catering. La misma hipótesis subyace al proceso que la Fiscalía colombiana sigue contra ex directivos de la empresa bajo sospecha de grave organización criminal, y que corrobora las nuevas declaraciones de Mancuso.
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La dimensión territorial del caso también ha encontrado respuestas jurídicas en Colombia. El Tribunal Superior de Cartagena determinó que al menos 16 propiedades, con un total de alrededor de 997 hectáreas, utilizadas por Drummond para su proyecto minero El Descanso habían sido expropiadas anteriormente mediante violencia paramilitar y desplazamiento forzado de pequeños agricultores. Según investigaciones de Revista Raya, al menos uno de los propietarios expropiados envió a la empresa una carta -sellada- indicando que las propiedades habían sido adquiridas a la fuerza y pidiendo específicamente no comprarlas. La empresa no respondió y en su lugar realizó una compra. El tribunal concluyó que Drummond no ejerció la debida diligencia razonable en la adquisición de las propiedades, pero no atribuyó responsabilidad directa por la violencia a la empresa; La compensación a las víctimas recae en el Estado colombiano.
El caso es parte de un proceso más amplio. Desde su fundación, la Jurisdicción Especial para la Paz, un sistema central de justicia de transición, ha previsto la participación voluntaria de los actores económicos en el tratamiento de los crímenes de guerra; Como parte de esto, el contratista de Drummond, Jaime Blanco Maya, fue citado a investigar la colaboración entre paramilitares y terceros civiles.
En un contexto más amplio, la reciente huelga de mineros en el Bajo Cauca también es reveladora: la intervención estatal en esta situación muestra que el gobierno de Gustavo Petro está impulsando procesos de verificación y regulación en el sector minero, especialmente en regiones marcadas por conflictos armados y donde las estructuras paramilitares han estado históricamente presentes. En este contexto, el veredicto de Alabama, aclamado por Drummond como una exoneración histórica, contrasta marcadamente con un juicio colombiano que se abre en lugar de cerrarse con cada nuevo testimonio.
Ninguno de los sistemas legales ha aclarado todavía de manera concluyente qué sabía la empresa, cuándo lo supo y qué hizo como resultado. En el centro de esta pregunta se encuentran cuatro trabajadores sindicalizados que pagaron sus vidas para representar a sus colegas en una mina de carbón en el norte de Colombia.