Masacre de pequeños agricultores en Honduras

Trujillo. El jueves por la mañana, 19 agricultores, entre ellos tres niños, fueron asesinados a tiros por desconocidos en la Finca Paso Aguán, en el departamento norteño de Colón. Los asesinados, que se dirigían a trabajar en la plantación de palma aceitera, vivían en las comunidades de Rigores y Panamá.

Durante la mañana tuvo lugar otra masacre en la ciudad de Omoa, en la región fronteriza norte con Guatemala, en la que fueron baleados al menos cinco policías de la unidad especial contra el crimen de pandillas y tres civiles. Según medios hondureños, se trató de un allanamiento domiciliario planificado contra un narcotraficante, durante el cual los policías fueron reprimidos y secuestrados por varios delincuentes. Sus cuerpos fueron encontrados cerca de Omoa y mostraban signos de extrema brutalidad y tortura. Es posible que los perpetradores hayan huido a Guatemala.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y organizaciones nacionales de derechos humanos piden a las autoridades “realizar una investigación rápida, exhaustiva, independiente e imparcial de los incidentes, el arresto y castigo de los responsables, y la detección y desmantelamiento de las estructuras criminales y redes violentas que operan en la región del Aguán”. También piden medidas de protección efectivas para los sobrevivientes, los familiares de las víctimas, las comunidades afectadas y los defensores de los derechos humanos en la región.

El presidente Nasry Asfura prometió que estos crímenes no quedarán impunes. Al mismo tiempo, anunció que enviaría policías y policías militares al Valle del Aguán y los incrementaría a medida que continuaran las investigaciones.

El ministro del Interior, Gerson Velásquez, dijo en conferencia de prensa: “La masacre de Colón tiene características de una ejecución vinculada a estructuras criminales y no a un conflicto agrario”. También descartó temporalmente la participación de actores estatales y explicó que sólo las investigaciones técnicas y científicas esclarecerán el asunto e identificarán a los responsables.

Un comunicado de prensa de la Plataforma Agraria, asociación de cooperativas agrícolas, explica que desde mayo de 2025 se ha desatado una ola de violencia que atribuye a grupos armados: el “Grupo de los Ocho” y los “Canechos”, entre cuyas principales víctimas se encuentran agricultores de los pueblos de Panamá y Rigores. “Ambos grupos se han especializado en chantajear y expulsar a las cooperativas de agricultores”, explica la plataforma agrícola.

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Jhony Rivas, portavoz de la Plataforma Agrícola, dijo a Radio Progreso que la escalada de violencia en el Valle del Aguán va acompañada de una tendencia a criminalizar a los agricultores que exigen su legítimo derecho a la tierra. Agrega que están perturbados por la narrativa que están difundiendo las actuales autoridades sobre la protección del país. “Hace tres días los medios difundieron la noticia de que habían asesinado a personas que vivían en las propiedades de la cooperativa Paso Aguán, preguntamos por el terreno, pero no encontramos nada más, y se produjo esta masacre. Hay un ambiente de mucho miedo”, dice Rivas.

Días antes de la masacre, también se anunció que los agricultores habían sido acosados ​​por miembros de la policía. Les dispararon, quemaron y robaron sus bienes y colocaron droga entre sus pertenencias. Según un artículo de Prensa Libre e información en las redes sociales, algunos de los perpetradores de la masacre vestirían uniformes policiales.

La presidenta del Consejo Hondureño del Sector Privado (COHEP), Anabel Gallardo, también se mostró preocupada por la violencia y las ocupaciones de tierras. Sin embargo, su preocupación era principalmente dañar la reputación de Honduras ante la comunidad internacional y los inversores extranjeros y se centraba en las ocupaciones de tierras. “Las propiedades con documentos válidos que se encuentran en zonas productivas están siendo ocupadas por personas. Lo que se requiere es la acción del Ministerio Público y de la policía para hacer cumplir la ley con toda severidad para poder desalojar estas propiedades”.

El padre jesuita Ismael Moreno considera que los crímenes tienen una conexión con las declaraciones del expresidente Juan Orlando Hernández recientemente difundidas a través de los audios (informó Amerika21). “La violencia anunciada y desatada en los audios no es de ninguna manera una farsa, sino un rastro sangriento”, escribió Moreno en su cuenta X. En los audios, Hernández le dice al líder del Congreso, Tomás Zambrano, en marzo de 2026: “En Honduras se necesita violencia, se necesita logística, se necesita sangre. Si se quiere controlar al pueblo, hay que oprimirlo. Explotarlo. Combatir la violencia con violencia”.

El abogado y defensor de derechos humanos Víctor Fernández explica a Amerika21: “El crimen no puede ser descartado como una disputa violenta entre grupos, porque el Estado tiene una clara responsabilidad en ello. La situación poco clara de la propiedad, la falta de un proceso de reforma agraria ordenado constitucionalmente y el favoritismo de grupos económicos poderosos son las causas estructurales de este crimen. Desde el inicio de este gobierno (Asfura, ed.), se observa un discurso que desprecia la vida y las luchas de los agricultores”.

El Valle del Aguán se ha caracterizado por la violencia contra los agricultores durante décadas. Los grandes terratenientes y las empresas agroindustriales, alentados por una reforma legal de 1992, se han apropiado de cada vez más tierras para crear plantaciones de palma aceitera, cuyos frutos se utilizan para producir combustible agrícola. Después del golpe militar de 2009, se produjo una militarización masiva de toda la región. Hubo repetidos asesinatos de miembros de las cooperativas de agricultores. Ni siquiera el estado de emergencia del anterior gobierno de Castro mejoró la situación de peligro para los agricultores. Además, en la región operan bandas criminales que trafican con drogas.