En junio, el gobierno cubano inició un rápido proceso de reforma. Después de crear una comisión de expertos integrada por reconocidos economistas cubanos, la Asamblea Nacional aprobó más de 200 propuestas de reforma (informó Amerika21). Al mismo tiempo, el Parlamento Europeo aprobó una resolución pidiendo nuevas sanciones de la UE contra la isla caribeña por primera vez en más de dos décadas. Mientras abogados internacionales y relatores especiales de las Naciones Unidas llevan semanas criticando el endurecido bloqueo estadounidense como una violación estructural de los derechos humanos, la UE se acerca ahora a la política que ella misma rechazó durante mucho tiempo. Es poco probable que gane popularidad en La Habana o en el Sur Global.
En vista de la actual crisis de oferta, el presidente Miguel Díaz-Canel convocó un comité asesor de economistas críticos. Durante la crisis económica de los años 1990, muchos de ellos ya habían propuesto reformas orientadas al mercado. Luego de que una reunión extraordinaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) aprobara el paquete de medidas, la Asamblea Nacional también aprobó las propuestas. Si se implementa, Cuba podría enfrentar los cambios económicos más profundos desde la victoria de la revolución de 1959. El sistema socialista aún debe protegerse en su esencia.
Mientras La Habana debate reformas, el Parlamento Europeo pide nuevas sanciones contra el sector militar cubano y contra el presidente Miguel Díaz-Canel. Además, la resolución pide efectivamente la suspensión del acercamiento político y diplomático que la UE alguna vez desarrolló como alternativa a la política de confrontación de Washington. Como justificación, los parlamentarios culpan al gobierno cubano casi exclusivamente por la crisis humanitaria, adoptando así argumentos clave de la política exterior estadounidense. La afirmación del apoyo de Rusia en la guerra de Ucrania sirve también como justificación para intensificar aún más la presión sobre la isla. Una afirmación infundada que ha sido rechazada repetidamente por el gobierno cubano.
La resolución describe literalmente a Cuba como un “Estado fallido” y reduce las complejas causas de la crisis económica y social al sistema político del país. No sólo se necesitan reformas políticas, sino también una liberalización profunda de la economía. Incluso la ayuda humanitaria está sujeta a condiciones apropiadas. La UE no se limita a evaluar la situación, sino que está formulando ideas concretas sobre cómo debería organizarse política y económicamente Cuba en el futuro. Desde la perspectiva de La Habana, esto representa una infracción de la soberanía nacional y del derecho al desarrollo autodeterminado.
Por supuesto, este cambio de rumbo es aún más notable dada la propia posición de Europa durante las últimas décadas. Ya en la década de 1990, numerosos estados de la UE criticaron en las Naciones Unidas los efectos de las sanciones estadounidenses a la población cubana. Después de que se aprobara la Ley Helms-Burton en 1996, Bruselas protestó contra la aplicación extraterritorial de la ley estadounidense y aprobó medidas de protección para las empresas europeas en 1998. Por lo tanto, la resolución actual marca una clara ruptura con la anterior política de la Unión Europea hacia Cuba.
La convergencia al rumbo de Washington también llega en un muy mal momento para la UE. A principios de junio, Alemania fracasó claramente en las elecciones al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Los observadores también atribuyen el débil desempeño al posicionamiento de la política exterior de Berlín en conflictos internacionales clave. Particularmente en el Sur Global, hay crecientes críticas a una política que a menudo considera las violaciones del derecho internacional por parte de aliados occidentales de manera diferente a acciones comparables por parte de oponentes geopolíticos.
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Con su nueva línea, la Unión Europea también está cada vez más aislada en la cuestión de Cuba. Año tras año, la Asamblea General de las Naciones Unidas condena abrumadoramente el bloqueo estadounidense. Hasta ahora, no sólo los Estados del Sur Global, sino también los Estados miembros de la UE han rechazado periódicamente las medidas coercitivas unilaterales. El hecho de que Bruselas esté pidiendo ahora sanciones contra la propia Cuba y, por tanto, se esté acercando a posiciones clave del gobierno de Estados Unidos marca una ruptura notable con la política europea anterior.
En la peor crisis en décadas
La situación en la isla sigue siendo dramática. El transporte público ha colapsado en gran medida, los hospitales están posponiendo operaciones urgentes y las escuelas están suspendiendo temporalmente las clases. Las consecuencias sociales son particularmente visibles en el aumento de la mortalidad infantil. El endurecimiento del bloqueo petrolero impuesto por el gobierno de Donald Trump a finales de enero ha desestabilizado aún más los suministros de energía. En los últimos meses sólo un petrolero ruso ha llegado a la isla.
Actualmente no se vislumbra ningún signo de alivio debido a un cambio de rumbo por parte de Washington. Al contrario: los representantes del gobierno estadounidense intensifican continuamente su retórica hacia La Habana. Al mismo tiempo, los medios norteamericanos están aumentando los informes sobre supuestas amenazas militares de Cuba. La descripción de una amenaza a la política de seguridad recuerda patrones anteriores de justificación de una política más agresiva hacia Cuba.
Las reacciones de La Habana son correspondientemente ambivalentes. Por un lado, el gobierno subraya periódicamente el carácter pacífico de la revolución. Cuba no representa ninguna amenaza para Estados Unidos ni para ningún otro país y busca relaciones basadas en el respeto mutuo, dijo el presidente Miguel Díaz-Canel en una entrevista reciente con NBC. Por otro lado, la dirección política señala el derecho del país a defenderse en caso de un ataque militar.