Atlanta/Buenos Aires. La selección argentina aprovechó su victoria por 2-1 en semifinales contra Inglaterra para hacer una declaración nacionalista. Unos minutos después del final del partido, algunos jugadores desplegaron una gran pancarta blanca con una gruesa escritura negra que decía “Las Malvinas son argentinas”, ante la mirada de los 60.000 espectadores en el estadio de Atlanta y de la audiencia televisiva mundial de millones.
El trasfondo es la antigua disputa sobre el gran conjunto de islas de 12.000 km² ubicadas a unos 400 km al sureste de Tierra del Fuego, llamadas “Malvinas” en Argentina y “Islas Malvinas” en el Reino Unido. Debido a la agitación de las guerras de independencia, están bajo administración británica desde 1833, mientras que Argentina los ve como parte de su territorio nacional.
Después de que las negociaciones bilaterales dentro del marco de la ONU en la década de 1960 resultaran infructuosas, Argentina ocupó las islas en abril de 1982. El Reino Unido tomó represalias con gran fuerza militar; A mediados de junio las tropas argentinas se rindieron. En la guerra murieron unas 900 personas, 650 de ellas soldados argentinos. La derrota contribuyó en gran medida a la pérdida de legitimidad de la junta militar en ese momento.
En 2013, el 99 por ciento de los 1.700 votantes elegibles votaron a favor de seguir siendo un territorio británico de ultramar. Sin embargo, Argentina no reconoce el referéndum y sigue viéndose en un conflicto diplomático con el Reino Unido.
En el deporte, la Guerra de las Malvinas ha eclipsado todos los encuentros entre Argentina e Inglaterra desde 1982; El anterior momento destacado fue la semifinal del Mundial de México de 1986, que Argentina ganó por 3-2 gracias a los goles de Diego Maradona y la “Mano de Dios”.
El actual entrenador argentino Lionel Scaloni había dicho repetidamente que era sólo un partido de fútbol. Sin embargo, en la rueda de prensa previa al partido aludió al conflicto y aseguró que los jugadores del equipo “no lo han olvidado”. Sin embargo, ninguno de los jugadores nació en 1982.
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La acción en Atlanta unió a gran parte del público argentino. Según medios argentinos, la pancarta fue confeccionada por aficionados a partir de una sábana de hotel, introducida al estadio a pesar de la prohibición de objetos con mensajes políticos y arrojada desde el borde de las gradas al equipo. El defensa Gonzalo Montiel después del partido: “Eso es fácil “Se cayó y los niños lo recogieron”.
El goleador del triunfo, Lautaro Martínez, destacó que no fue un partido cualquiera para el equipo, aunque “estamos tratando de dejarlo atrás”. Lisandro Martínez también agregó que los jugadores “mostraron esta bandera y afirmaron que las islas nos pertenecen”.
El presidente ultraderechista de Argentina, Javier Milei, inicialmente pareció apoyar las acciones de los jugadores, pero luego las criticó como “inapropiadas e inapropiadas”. “Es sólo un partido de fútbol, no lo mezclen con política”, advirtió.
Milei enfatizó que quería recuperar las islas “por canales diplomáticos” y que esos esfuerzos estaban muy avanzados. Inglaterra se vio recientemente “obligada a negociar en la ONU”, pero las esperanzas de mejorar las relaciones bilaterales o de avanzar en los proyectos petroleros en las islas están menguando. Finalmente confirmó que no viajaría a Estados Unidos para la final por superstición. Sin embargo, en caso de ganar el Mundial, quiere dejar disponible toda la residencia presidencial, la Casa Rosada, para las celebraciones.
Mientras tanto, las olas también hacían olas en Gran Bretaña. El gobierno británico reiteró su posición sobre las islas. El secretario de Negocios británico, Peter Kyle, calificó el comportamiento de los jugadores argentinos como “totalmente inapropiado” y dijo: “Espero que la FIFA lleve a cabo una investigación exhaustiva”. “Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las Malvinas sí lo son”, afirmó el Primer Ministro Keir Starmer. Deseó mucha suerte a Argentina y España en la final del domingo, especialmente a España.