Bogotá. Un estudio realizado por organizaciones europeas ha identificado el sistema de arbitraje entre inversores y Estados (ISDS) como “dañino” y un obstáculo clave para la eliminación gradual de la economía de los combustibles fósiles. El ISDS permite a las corporaciones demandar a los estados si toman medidas de política climática que afecten las inversiones. PowerShift presentó el estudio antes de la primera conferencia internacional sobre transición a los combustibles fósiles que se llevará a cabo en Colombia en la ciudad portuaria de Santa Marta del 24 al 29 de abril.
A finales de marzo, el presidente del país sudamericano, Gustavo Petro, anunció su retirada del ISDS. Más de 200 economistas y científicos de 24 países, entre ellos Joseph Stiglitz y Thomas Piketty, le habían pedido previamente que lo hiciera. Colombia enfrenta demandas potenciales de hasta 52 billones de pesos (alrededor de 14 mil millones de dólares), una indicación de cuán severamente la política estatal puede verse limitada por los intereses corporativos. Incluso las medidas de interés público, por ejemplo en los sectores medioambiental o energético, pueden dar lugar a miles de millones en compensaciones.
Según un estudio de organizaciones europeas, el 55 por ciento de todas las demandas ISDS conocidas en todo el mundo provienen de inversores europeos. El Reino Unido, los Países Bajos y Alemania se encuentran entre los países más problemáticos. Junto con Francia, España y Suiza, forman un núcleo que concentra gran parte de los contratos, litigios y riesgos asociados.
La estructura jurídica garantiza que este sistema tenga un efecto a largo plazo. Muchos acuerdos contienen las llamadas “cláusulas de extinción” que garantizan los derechos de los inversores hasta 20 años después de la rescisión del contrato. Al mismo tiempo, países como los Países Bajos sirven como plataformas para demandas internacionales contra empresas ficticias, mientras que los contratos de Gran Bretaña protegen importantes inversiones en combustibles fósiles.
La conexión con la crisis climática es central. Casi la mitad de los procedimientos ISDS en los sectores de los combustibles fósiles y la minería fueron iniciados por inversores europeos. De este modo, el sistema actúa como salvaguardia para los modelos de negocio intensivos en carbono y dificulta las medidas políticas destinadas a cambiar precisamente estas estructuras.
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Según el estudio, las demandas derivadas de la transición energética global podrían alcanzar reclamaciones de hasta 340 mil millones de dólares. Esta presión no sólo actúa ex post, sino también de antemano: la perspectiva de procedimientos costosos influye en las decisiones políticas y puede impedir o debilitar la regulación, un efecto que se ha descrito como “congelación regulatoria”.
También hay una inconsistencia estructural. En Europa, el ISDS ha sido parcialmente postergado tras sentencias como el caso de la aseguradora holandesa Achmea contra Eslovaquia. Sin embargo, el sistema sigue vigente en comparación con los países del Sur Global. De este modo, los riesgos se externalizan mientras se conservan los derechos de los inversores.
Para países como Colombia, esto significa que el margen político para la acción no surge únicamente de procesos democráticos, sino que está limitado por una red de tratados internacionales. Por lo tanto, la salida prevista del sistema ISDS es más que una decisión legal. Cuestiona el equilibrio de poder entre estados y corporaciones.
El debate que se desarrolla en Santa Marta no se trata sólo de la eliminación gradual de los combustibles fósiles, sino también de quién determina las condiciones para esta transformación. El estudio sugiere que mientras Europa defienda un sistema que proteja las inversiones en fósiles fuera de sus fronteras, sus ambiciones de política climática seguirán en desacuerdo con sus propias prácticas económicas.