La intoxicación alimentaria no es divertida, por lo que la gente suele mirar las frutas y oler la leche de antemano. Pero es imposible detectar todos los gérmenes y toxinas en los alimentos que consume. Es por eso que un equipo de investigación de UC Berkeley dirigido por Ph.D. La estudiante Carla Bassil ha estado trabajando en una “nariz eléctrica” que puede “olfatear” alimentos en mal estado y alérgenos.
La nariz electrónica tiene 16 pequeños sensores de gas, cada uno destinado a apuntar a diferentes compuestos y convertirlos en señales eléctricas. “Se puede pensar en ello como un conjunto de papilas gustativas digitales, donde cada sensor de este chip responde de forma única a las distintas moléculas de gas que se le presentan”, explicó Bassil (a través de UC Berkeley). La nariz electrónica ha sido entrenada con aprendizaje automático (que no es lo mismo que la IA) para reconocer esas señales en una amplia gama de alimentos, incluido el olor a pollo crudo y leche cuando están frescos y cuando se han dejado fuera del refrigerador durante varios días. En este momento, la nariz electrónica puede predecir el deterioro y los alérgenos con una precisión del 92,6%. Desafortunadamente, ha habido algunos desafíos para lograr que la nariz electrónica sea completamente precisa.
Los desafíos de una nariz electrónica con detección de alérgenos
La nariz artificial es más poderosa que cualquier nariz humana, capaz de oler incluso 0,05 gramos de nuez (el equivalente a una centésima parte de una nuez sin cáscara). Desafortunadamente, todavía existen muchas dificultades para lograr que la nariz detecte los olores con precisión. La sensibilidad de la nariz electrónica no ha sido probada en alimentos que tienen más de un gas, lo que significa que es posible que no pueda detectar ese pequeño trozo de nuez en una ensalada o en un producto horneado. Tampoco está claro si sería capaz de olfatear constantemente los alimentos en mal estado que se encuentran en el refrigerador, donde hay otros alimentos (y sus gases).
La nariz electrónica también está todavía aprendiendo cómo huele todo: detectar un olor es fácil, pero intentar detectar múltiples olores con un solo chip ha resultado complicado. Actualmente se confunde entre avellanas y cacahuetes, lo que significa que los compuestos que producen podrían activar el mismo sensor y ser difíciles de diferenciar. Un huevo cocido podrido y un pollo crudo también liberan niveles elevados similares de compuestos gaseosos, lo que lo convierte en otro desafío para la nariz electrónica.
Por ahora, Bassil planea seguir probando la nariz electrónica en más entornos para mejorar su sensibilidad y precisión. Algún día podría estar disponible como una aplicación en los teléfonos de las personas. Esta no es la única vez que investigadores de la UC Berkeley revelan prototipos interesantes, como este robot saltador del tamaño de un insecto o este sensor de sudor portátil.