Gobierno en Argentina quiere relajar protección de bosques vírgenes

Buenos Aires. El gobierno federal argentino quiere desmantelar la protección existente de los bosques vírgenes para permitir más caminos para la agricultura y el asentamiento. El cambio propuesto aumentaría el área de bosque en riesgo de deforestación de 10 millones de hectáreas a 42 millones, que es gran parte de los bosques naturales restantes. Al mismo tiempo, el Ministerio de Desregulación está intentando cambiar las leyes existentes sobre gestión de incendios forestales. La medida es una iniciativa conjunta con los gobernadores aliados de las provincias del norte del país y se produce apenas unas semanas después de que la Cámara de Representantes debilitara la ley de protección de los glaciares.

La ley vigente sobre bosques nativos (Ley de Bosques Nativos 26.331) implementa un sistema de semáforo con las categorías de protección rojo, amarillo y verde. Las áreas de la categoría roja están sujetas a la máxima protección, mientras que las regiones amarillas solo están disponibles para un uso sostenible. Las áreas en la categoría verde pueden seguir utilizándose, pero requieren aprobación previa. Los cambios propuestos a la ley afectan particularmente el uso de áreas en las categorías amarilla y verde. Dentro de la categoría de protección amarilla, debería ser posible realizar cambios más profundos en el uso, mientras que el requisito de aprobación anterior para áreas en la categoría verde debería ser reemplazado por un requisito de notificación. Al mismo tiempo se privatizará la supervisión medioambiental, lo que también significaría la supresión del registro nacional de infracciones.

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En entrevista con la revista La Tinta, Enzo Ortt, coordinador del Movimiento Agroecológico Latinoamericano y Caribeño (MAELA) en la provincia de Misiones, advierte que los cambios previstos amenazan la selva tropical de la provincia. Misiones alberga el 52 por ciento de la selva virgen. Las críticas a los cambios previstos no sólo proceden de los ecologistas, sino también de los investigadores. En declaraciones a El Auditor, Lucas Figueroa, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), explica cómo, al eliminar los estudios de impacto ambiental, los cambios propuestos eliminarían también la participación ciudadana y el control sobre los cambios de uso del suelo. Esta restricción de la transparencia y la participación violaría el derecho humano a la participación ambiental.

Los cambios previstos en la ley de gestión de incendios forestales (Ley 26.815) van en la misma dirección: fue aprobada en 2012 y tiene como objetivo frenar el problema de los incendios intencionales en bosques naturales y reservas naturales. Para ello, la ley prohíbe los cambios de uso del suelo después de un incendio durante 60 años en el caso de áreas protegidas. La reforma prevista elimina este período de protección y, por tanto, podría crear de nuevo un incentivo para la agricultura de tala y quema. Figueroa señala: “Si hay un incendio y el terreno ya ha sido parcelado por los promotores inmobiliarios al año siguiente, como suele ocurrir en el Sur, se pierde el bosque y todo el ecosistema original”.