Exmilitares en Colombia confiesan asesinatos de Falsos Positivos

Medellín. Entre el 25 y 26 de marzo se llevó a cabo en Colombia la audiencia para consolidar la verdad y establecer medidas de reparación contra 31 militares involucrados en ejecuciones extrajudiciales en el oriente antioqueño hace más de 20 años. Las audiencias se desarrollan en el marco de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Los militares reconocieron su responsabilidad por crímenes que se cobraron 19 víctimas.

El juicio se desarrolló en la Casa de la Memoria. Los miembros del batallón de artillería Coronel Jorge Eduardo Sánchez están vinculados a nueve crímenes cometidos entre 2002 y 2004. Los testimonios revelaron detalles de los mecanismos mediante los cuales los campesinos fueron seleccionados y asesinados para luego presentar ante sus superiores como muertos en batalla. El exteniente Andrés Mauricio Rosero Bravo admitió haber ordenado el asesinato de John Darío Giraldo Quintero en zona rural de Cocorná. De rodillas, entre lágrimas y acompañado de abrazos, el exsoldado Rosero pidió perdón a los familiares del asesinado Giraldo Quintero.

Explicó a los jueces cómo funcionaba el sistema de marcado de objetivos en el lugar. Según él, se basaron en información de los llamados líderes del terreno que identificaron a presuntos guerrilleros, simpatizantes o milicianos, por lo que tomó medidas sin cuestionar esta información. En un caso ocurrido el 20 de mayo de 2004 en el pueblo de Santa Bárbara en San Luis, tres agricultores Jairo García, Gildardo Salazar y Blanca Olivia Gómez fueron asesinados y posteriormente reportados como muertos en combate. Diez personas involucradas admitieron responsabilidad por el asesinato y por la desaparición forzada de las personas mencionadas.

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Durante la audiencia también se explicó cómo siete militares mataron a Pedro Antonio Marulanda y Cristián de Jesús Aizález y luego presentaron los cuerpos como muertos en combate. Los actos fueron clasificados como asesinatos de civiles. También en este caso el ex teniente Rosero Bravo dio la orden de vestir a las víctimas con equipo guerrillero. Ante la jueza Ángela Janeth Galvis Ardila, el oficial confesó los crímenes y también admitió que había recibido un rifle de manos de paramilitares del Bloque Cacique Nutibara para realizar una ejecución extrajudicial y crear apariencia de pelea.

Otro caso ocurrió en 2004 en la localidad de Los Mangos en Cocorná, donde el campesino Germán Darío Hernández Galeano fue asesinado tras ser acusado falsamente de ser miembro de un grupo armado. También se denunciaron graves violaciones de derechos humanos, incluida violencia sexual contra una mujer delante de menores y atar a una víctima a un árbol antes de matarla. Durante años, los familiares asumieron que los grupos paramilitares eran responsables de los crímenes.

Al finalizar la audiencia, Rosero Bravo entregó simbólicamente un árbol a los familiares de las víctimas y pidió que con él se entierre el dolor, el sufrimiento y el rencor. También reflexionó sobre el proceso restaurativo de la JEP, reconociendo que gracias al tribunal pudo admitir los delitos y decir la verdad que los familiares necesitaban para sanar.