El Salvador: Crisis en el sector agrícola

SanSalvador. La agricultura en El Salvador se encuentra en una profunda crisis. Mientras los pequeños productores se quejan del aumento de los costos, la creciente incertidumbre, la caída de la rentabilidad y la creciente competencia de las importaciones, el gobierno presenta su política agrícola como una historia de éxito.

El ministro de Agricultura, Óscar Domínguez, dijo que se refirió a programas de aumento de la producción, creación de áreas de cultivo de alimentos básicos, subsidios, modernización tecnológica y estructuras estatales de comercialización de insumos agrícolas “a los precios más bajos”.

Pero una mirada a los datos disponibles y a las evaluaciones de los sectores afectados muestra un panorama diferente. El economista César Villalona contradice claramente las declaraciones de Domínguez. En su opinión, las estadísticas oficiales no muestran un aumento, sino más bien una disminución significativa en las principales áreas de producción.

Los datos del “V. Censo Agrícola y I. Censo Pesquero 2024-2025” mostrarían que las superficies cultivadas para alimentos básicos han disminuido significativamente desde 2019. La superficie cultivada para maíz cayó de alrededor de 270.800 a 264.500 hectáreas, mientras que la producción cayó de alrededor de 784.700 toneladas a 490.000 toneladas durante el mismo período. Los datos de frijol, maicillo y arroz también apuntaron en la misma dirección.

En este sentido, Villalona señala un fuerte aumento de los costes de los fertilizantes, la energía, el arrendamiento de tierras y los recursos operativos. En la ganadería, por ejemplo, los costes de mantenimiento han aumentado en total alrededor de un 55 por ciento. Villalona también ve déficits importantes en la modernización enfatizada por el gobierno. Un informe de la Organización para la Agricultura y la Alimentación muestra que El Salvador ocupa el último lugar en una comparación regional en cuanto a disponibilidad de maquinaria agrícola por productor.

Villalona alerta también de una creciente dependencia de las importaciones de alimentos. Según esto, El Salvador ahora importa alrededor del 45 por ciento de su maíz y más del 40 por ciento de sus frijoles. Hace apenas unos años, la producción nacional de maíz y frijol cubría más del 90 por ciento del consumo interno.

Este desarrollo no sólo es problemático desde el punto de vista económico, sino también una cuestión de soberanía alimentaria. Un país que compra cada vez más alimentos básicos en el extranjero hace que su suministro dependa de las entradas de divisas, los precios internacionales y los crecientes costos de transporte. Por ello, Villalona también valora críticamente la aparente estabilidad del suministro. El hecho de que actualmente no haya obstáculos es menos un reflejo de una producción local fortalecida que un resultado de las crecientes importaciones.

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Luis Treminio, presidente de la organización de productores CAMPO, también describe una situación cada vez más tensa en el sector agrícola. Para el año agrícola 2026, su organización espera un déficit de alrededor de 263.000 toneladas en la producción de alimentos básicos. El consumo nacional ronda los 1,13 millones de toneladas.

Treminio también apunta a los riesgos climáticos. El cambio climático ya no es una amenaza abstracta para la agricultura, sino que ya es una realidad. Los informes actuales indican que los agricultores tienen cada vez más que adaptar sus siembras a las condiciones climáticas cambiantes. Para este año, organismos especializados y organizaciones de productores recomiendan no iniciar la siembra hasta junio, cuando se haya estabilizado la temporada de lluvias.

El trasfondo son las precipitaciones irregulares, el aumento de las temperaturas y el riesgo de períodos secos más prolongados como resultado del fenómeno climático de El Niño, que se espera que sea particularmente severo este año. Según Treminio, los pequeños productores se ven especialmente afectados por el cambio climático porque apenas cuentan con sistemas de riego adecuados, reservas o acceso a apoyo técnico.

Al mismo tiempo, Treminio criticó la caída del apoyo estatal. Anteriormente, los productores habrían recibido semillas, fertilizantes y otros insumos por valor de unos 150 dólares a través de un paquete agrícola. Ahora esto se ha reducido a la mitad. Además, los productores ahora tienen que pagar el IVA al comprar insumos, lo que aumenta aún más la carga. Las estructuras de comercialización estatales también pagarían a los agricultores precios que a veces están por debajo de los costos de producción.

En general, según Treminio, las condiciones de producción de los productores se han deteriorado enormemente. Según Villalona, ​​este es el motivo por el que cada vez más personas abandonan el sector. Según sus datos, entre 2019 y 2025 se perdieron alrededor de 71.000 puestos de trabajo en el sector agrícola, lo que significa una disminución de alrededor del 16 por ciento.

Especialmente los jóvenes ven pocas perspectivas en la agricultura y emigran a las ciudades o al extranjero. Por su parte, Treminio califica el éxodo de la población joven como una “crisis silenciosa” en las zonas rurales de El Salvador.

En declaraciones a Amerika21, Villalona clasificó políticamente los acontecimientos actuales. A su juicio, el gobierno no se centra en fortalecer la producción agrícola nacional, sino en un modelo de desarrollo más centrado en las importaciones, el turismo, los proyectos de construcción y posiblemente la minería. Cada vez hay menos espacio para la pequeña producción, las cooperativas y la soberanía alimentaria. El resultado es una política que no fortalece a los productores rurales, sino que más bien los expulsa cada vez más del mercado.