La Unión, San Salvador. 35 familias del municipio de Flor de Mangle en el departamento de La Unión al oriente de El Salvador aún no han recibido compensación por expropiaciones relacionadas con la construcción del aeropuerto del Pacífico. Así lo afirmó la semana pasada Milpa, la organización que trabaja en red sobre las luchas indígenas.
Ángel Flores, jefe de Milpa para el este de El Salvador, dijo en una entrevista con Amerika21 el jueves: “Las familias viven actualmente en refugios de emergencia o en las calles”. Jhosselyn Márquez, quien aún vive en el pueblo con su pareja y sus hijos de nueve y cinco años, es la única que aún no se ha ido porque no sabe adónde ir ante la falta de compensación.
El 14 de enero, empleados de la empresa privada UDP de La Unión, encargada de las obras de infraestructura del aeropuerto, le informaron a Márquez que tendría que abandonar su casa la semana siguiente porque la mitad de su casa sería demolida para la construcción de una carretera.
Diario Latino destaca el caso del matrimonio Santos Mejía y Angelina Ruiz, de más de 70 años. Por instrucciones de las autoridades, tuvieron que abandonar su casa en Flor de Mangle en agosto de 2025. Desde entonces, viven en viviendas improvisadas hechas de chapa ondulada, que no cuentan con instalaciones sanitarias, ni electricidad ni agua corriente. El artículo continúa: “El terreno donde fueron reubicados no está inscrito en el registro de la propiedad y es propiedad de otras personas desde hace más de 40 años. Esto ha generado conflictos debido a la negligencia de las instituciones públicas involucradas”.
Un total de 225 familias tuvieron que abandonar sus hogares y terrenos agrícolas debido a la construcción del aeropuerto, explicó Flores. 40 familias en Flor de Mangle y 150 familias en comunidades vecinas han recibido compensación. Sin embargo, estos oscilan entre 4.000 y 8.000 dólares por bloque de alrededor de 0,7 hectáreas. Eso es “menos que el valor habitual de mercado”, dijo Flores.
La construcción del Aeropuerto del Pacífico ya fue una promesa del actual presidente Nayib Bukele durante la campaña electoral de 2019. Tras su victoria electoral, el proyecto fue aprobado por el parlamento en abril de 2022 y las obras de construcción comenzaron en febrero de 2025. En la primera fase, el proyecto creará 10.000 puestos de trabajo directos e indirectos y supondrá un volumen de inversión de 386 millones de dólares.
En la tercera y última fase, se atenderán cinco millones de pasajeros anualmente en 40.000 vuelos. La pista, que en la primera fase de construcción tenía una longitud de 2.400 metros, se ampliará a 3.000 metros, según un anuncio gubernamental fechado el 28 de febrero de 2025. A partir de la primera fase, el aeropuerto tendrá capacidad para recibir “algunos de los aviones más grandes del mundo, como el Airbus A330, el Airbus A340 y el Boeing 747, aviones que pueden transportar casi 400 pasajeros”.
La construcción del aeropuerto se realizará en paralelo con diversos proyectos de desarrollo, por ejemplo en el ámbito turístico, que “colocarán a la región, descuidada durante décadas, en el centro del desarrollo de un nuevo El Salvador”, según un vídeo de la agencia Grow Media El Salvador. La pieza central del desarrollo será una ciudad sanitaria emergente, la llamada Ciudad de la Salud. El proyecto fue presentado al público en agosto de 2025. Con ello se pretende promover el turismo de salud. Médicos privados atenderán a pacientes procedentes del extranjero en un área de 412 manzanas. Para ello está prevista una “inversión histórica de 3.200 millones de dólares”, dice el vídeo. La mejora de la situación de seguridad hace posible proyectos como este en el país.
Flores contradice las ideas del desarrollo del departamento y advierte a Amerika21 de “daños ambientales masivos”. El “desarrollo es excluyente y las comunidades pobres e indígenas de la región no participarán en él”. Las “consecuencias ecológicas también son graves: por ejemplo, la proyectada Ciudad de la Salud está situada en una zona de importancia ecológica”. Es cierto que la región está desatendida y sufre altos niveles de migración hacia EE.UU., afirmó Flores. “Pero estos megaproyectos no cambiarán eso; al contrario: las consecuencias ecológicas y el cambio climático aumentarán aún más la migración”.