Washington. Tras la publicación del último informe del Departamento de Estado de EE.UU. titulado “Cuba: La capital del comunismo del siglo XXI”, el Congreso de EE.UU. ha abierto una investigación sobre la organización del Foro del Pueblo. Otros grupos afectados denuncian una creciente presión política y se ven estigmatizados por las acusaciones del informe. Expresaron que les recordaba la era McCarthy.
Un comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos emitió una citación contra People’s Forum, exigiendo la divulgación de comunicaciones internas y registros financieros. Manolo De Los Santos, su portavoz, lo deja claro: “Decimos no al nuevo macartismo. ¡No permaneceremos en silencio ante la injusticia y exigiremos nuestros derechos de la Primera Enmienda! Cuando nos mantenemos unidos, ganaremos”.
La organización lanzó una petición que ahora ha sido firmada por miles de personas en respuesta a la investigación y a los derechos democráticos básicos y las libertades civiles de los movimientos progresistas en todo el mundo.
El documento de Rubio afirma: “El aspecto más exitoso y duradero de la campaña de Cuba contra Estados Unidos ha tenido lugar en el campo de batalla ideológico. Desde la década de 1960, el régimen ha funcionado como el centro vibrante de una forma nueva y distinta de marxismo, construido alrededor de un resentimiento global y una hostilidad fundamental hacia Estados Unidos y Occidente en general”.
El congresista demócrata Mark Pocan calificó el documento como “la cosa más estúpida, absurda y sesgada” que jamás haya leído. El documento clasifica a numerosas organizaciones liberales de EE.UU. como seguidores de Cuba. Ven esto como una intensificación de los ataques del gobierno a los que están siendo sometidos desde hace algún tiempo.
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Además del Foro del Pueblo, estas organizaciones incluyen Codepink, Socialistas Democráticos de América, IFCO/Pastores por la Paz, Alianza Negra por la Paz, Red Nacional sobre Cuba y el Gremio Nacional de Abogados. El documento estadounidense los acusa, en secciones separadas, de mantener contactos con Rusia, China e Irán, los mismos estados que la administración Trump clasifica como actores hostiles.
Poco después de la publicación del documento de Rubio, la ex diplomática estadounidense Orna Blum advirtió que el informe de política exterior servía como una “lista negra” para la actual campaña electoral. Algunos críticos respondieron directamente a Rubio, calificando el informe de “justificación para una invasión militar de Cuba y un nuevo Cointelpro”, una referencia al programa del FBI que apuntó a activistas y organizadores estadounidenses hace más de medio siglo.
La organización feminista por la paz Codepink califica las acusaciones de Rubio de “un completo disparate”. “Vivimos en un mundo en el que, lamentablemente, las personas investigadas por delitos son quienes suministran medicamentos, y no quienes hacen cumplir las medidas que privan a los cubanos de medicinas, alimentos, combustible y electricidad”, afirmó Codepink.
En una carta abierta al secretario Rubio, Codepink escribe que el informe de su departamento es “un vergonzoso ataque político contra el pueblo cubano y contra aquellos estadounidenses que rechazan la guerra, las sanciones y la coerción económica”. “Pertenece a la basura”, continuó la organización feminista. Codepink está actualmente bajo investigación por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos por proporcionar suministros médicos a hospitales infantiles en Cuba.
El grupo mediático Belly of the Beast afirmó recientemente que el texto de Rubio pretendía justificar la represión que se está produciendo en Estados Unidos. Porque retrata a los movimientos de protesta, periodistas, académicos, organizaciones de solidaridad y activistas en Estados Unidos no como actores independientes, sino como productos o instrumentos de un gobierno extranjero hostil. Esto hace que sea más fácil difamar, desacreditar, perseguir y silenciar las voces críticas.