Lima. Una huelga del transporte público en Lima, la capital peruana, y en la vecina Callao está paralizando la vida pública. Las demandas de los huelguistas: más seguridad, prevención y diálogo con el gobierno ante la actual ola de violencia contra los conductores.
Ya pasadas las primeras horas desde el inicio del paro el 14 de enero a la medianoche, Lima y Callao registraron una importante escasez de vehículos de transporte disponibles. Más de 320 empresas de transporte participan en la huelga. Esto significó que miles de pasajeros tuvieron que esperar y, en ocasiones, pagar el doble de la tarifa habitual (por ejemplo, en taxis u otros proveedores de servicios de transporte) para llegar a su destino.
Aunque la huelga provocó brevemente frustración en muchas personas por los retrasos y los estresantes cambios de horarios, prevaleció la comprensión de la situación y la desesperación de los conductores de autobuses. La violencia suele afectar a los pasajeros y ha aumentado en todo el Perú.
Héctor Vargas, presidente de las empresas de transporte de Lima y Callao, destacó la necesidad del paro para toda la sociedad: “Si protestamos es porque todos estamos afectados”. Por eso todos los sindicatos se reunieron para “hacer justicia a esta reivindicación del derecho a la vida”. Los dirigentes sindicales piden reuniones con los tres poderes del Estado y medidas urgentes de seguridad. El portavoz del gremio de empresas de transporte de Lima y Callao, Martín Ojeda, subrayó la urgencia del asunto: “Contamos cada día alrededor de diez conductores y pasajeros muertos o heridos”.
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Según cifras del Ministerio de Salud, sólo en la primera semana de enero se cometieron 37 asesinatos en Perú, diez en Lima y cinco en Callao. “No hay ningún sistema que nos proteja ni medidas de prevención”, se quejó Ojeda. La presencia policial es especialmente necesaria en momentos críticos, como a primeras horas de la mañana y poco antes del final de la jornada laboral del conductor. Las familias de las víctimas sufren especialmente la violencia desenfrenada. La esposa de un conductor incapacitado que fue víctima de un ataque dirigió emotivas palabras directamente a José Jeri: “Señor Presidente, mi esposo no tiene trabajo, necesita medicamentos y terapia. Dicen que vamos a conseguir ayuda. Quién nos ayudó: nadie”.
Además de apoyar a las familias de los motociclistas asesinados o heridos, los huelguistas exigen la implementación de una ley que cree una unidad de élite contra el crimen y el cumplimiento estricto de la prohibición de llevar dos personas en una motocicleta.
El presidente José Jeri anunció que este sábado entraría en vigor la Ley 32.490. Esta ley obliga al Estado a proporcionar una compensación financiera a los afectados por la violencia, por ejemplo en forma de préstamos bancarios sin intereses o ayuda financiera directa. Para ello se creará un fondo especial, que consistirá en el decomiso de objetos de valor e inmuebles del crimen organizado.
Jeri, junto con el ministro de Transportes, También Prieto, anunció que se endurecerá la prohibición de que dos personas viajen en motocicleta y se reforzará el seguimiento de esta medida por parte de la policía. Además, el Jefe de Estado subrayó que quería celebrar reuniones periódicas con los dirigentes sindicales para evaluar los efectos de la legislación.