Bogotá. En una declaración conjunta, alrededor de 100 invitados y delegados de 20 países condenaron las recientes escaladas de Estados Unidos y anunciaron medidas coordinadas contra el resurgimiento de la Doctrina Monroe. Bajo el título Nuestra América, políticos de izquierda latinoamericanos, sindicalistas, diplomáticos y representantes de la sociedad civil, así como invitados de Estados Unidos, Canadá y Europa, se reunieron en Bogotá los días 24 y 25 de enero para discutir durante dos días las amenazas que plantean las intervenciones estadounidenses, el diálogo estratégico para la cooperación y medidas concretas.
La conferencia pretende iniciar un proceso de alianzas para encontrar formas de contrarrestar la creciente presión de Washington. Todos los participantes se comprometieron a fortalecer elementos clave de la resistencia colectiva: la cooperación y coordinación internacional, especialmente en el entorno multilateral, el apoyo mutuo frente a sanciones e intentos de desestabilización, y la defensa de los logros del Estado de bienestar moderno como base para una población soberana y autodeterminada.
“Esta declaración es más que un texto político: es un manifiesto sindical y popular que pone la voz de los trabajadores en el centro de la lucha por Nuestra América”, enfatizó el secretario de Relaciones Internacionales de la Confederación Sindical Argentina CTA, Rodrigo Borrás. Además, los participantes reconocen intentos previos de integración regional como la Unasur y se comprometen a incrementar la cooperación en las áreas estratégicas de energía y suministro de alimentos. La próxima reunión está prevista para La Habana.
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La primera conferencia fue posible gracias al presidente colombiano, Gustavo Petro, quien puso a disposición el local de la Cancillería para el evento. Queda por ver cuál será la reacción del presidente estadounidense, Donald Trump, ante la señal clara de que el país, que tradicionalmente cooperó estrechamente con Estados Unidos, se está alejando.
El trasfondo son los crecientes intentos de Estados Unidos de ejercer influencia directa e indirecta en América Latina. Estos culminaron con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero. David Adler, coordinador de la conferencia, interpretó la falta de una respuesta eficaz a esta violación del derecho internacional como un fracaso sistémico: “La ONU está paralizada, la Celac está estancada y la Unasur, con sede en Quito, está prácticamente vacía. Faltan mecanismos multilaterales de reacción colectiva”. La progresiva erosión del orden internacional está obligando a los estados del sur global a buscar la unidad para poder reaccionar juntos ante nuevas amenazas. El diplomático cubano Carlos de Céspedes comentó: “Hoy nos encontramos en una situación muy peligrosa para todos. Se necesita mayor solidaridad, pero también mejor coordinación y articulación entre nuestras naciones, partidos políticos y movimientos sociales”.
La declaración enfatiza el carácter suprarregional de la crisis. Rechaza la “existencia de patio trasero de los países latinoamericanos” y critica la intensificación de la represión contra los inmigrantes en Estados Unidos, la agresión contra Groenlandia y el genocidio en Palestina. Esto muestra que los instrumentos imperialistas se están volviendo más multidimensionales en el siglo XXI. Además de las intervenciones militares y los bloqueos, Estados Unidos recurre cada vez más a la guerra de información, las amenazas de restricciones comerciales y sanciones financieras globales como medio de presión, así como la deslegitimación y el agotamiento de los recursos y oficinas públicas para socavar la resistencia de la sociedad civil.