Cómo Argentina quiere atraer grandes inversores con Super-RIGI

Buenos Aires. Se espera que en los próximos días el Parlamento vote un nuevo programa de apoyo a las inversiones: el Super RIGI pretende atraer a importantes inversores al país. Las empresas que inviertan al menos mil millones de dólares podrán participar en el programa especial durante un período de cinco años. Reduce los impuestos a las ganancias del 35 por ciento al 15 por ciento durante 30 años, reduce las contribuciones a la seguridad social del 24 por ciento al 10 por ciento, permite importaciones libres de impuestos según sea necesario y promete mayores ventajas y exenciones.

Buscamos empresas en la “frontera tecnológica”, es decir, energías renovables (como el hidrógeno verde), minerales críticos (litio, uranio), tecnología energética y vehículos eléctricos. Sin embargo, los gigantes tecnológicos de la inteligencia artificial y sus centros de datos son un objetivo particular.

Una ley complementaria pretende permitir empresas automatizadas sin participación humana. En consecuencia, se reformarán las normas sobre propiedad de la tierra y protección de datos y, en consecuencia, se suavizará la legislación medioambiental.

El interesado y patrocinador más evidente de estos proyectos es el multimillonario estadounidense Peter Thiel, que recientemente trasladó su residencia a Argentina.

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El programa sigue el Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones (RIGI), el programa de incentivos a la inversión a gran escala introducido hace dos años para atraer capital principalmente en energía y minería. Aunque se prorrogó por un año, no tuvo éxito. Ha habido numerosas declaraciones de intenciones, pero el porcentaje de implementación hasta ahora se sitúa en torno al tres por ciento y, por tanto, es mínimo.

Desde que Javier Mileis asumió el cargo, la inversión directa ha ido disminuyendo y el año pasado fue incluso negativa en general. Según el informe del Banco Central, mayo de este año arrojó una pérdida de 798 millones de dólares, el segundo peor resultado desde 2003. No vienen nuevas empresas, pero las existentes se venden y se van, como la española Telefónica, que vendió su sucursal argentina, o la cadena de supermercados francesa Carrefour, que vendió sus tiendas y abandonó el país.

Hay numerosas críticas al nuevo programa. La economista Delfina Rossi advirtió en un artículo que se estaba sacrificando la soberanía estatal en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría, que viviría cada vez peor. El sociólogo Carlos Freytes, del grupo de expertos Fundar, también lo describió como un modelo obsoleto que ya había fracasado en Chile y Perú en los años 90.

El gobierno de Milei se sumó recientemente a la “Pax Silica”, un acuerdo destinado a garantizar el control estadounidense sobre las cadenas de suministro de minerales críticos. El padre espiritual de este proyecto es Jacob Helberg, subsecretario de Estado del Departamento de Estado y ex asesor del director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, socio de Thiel. En diciembre, como parte de la Semana Argentina en Nueva York, Helberg destacó el papel futuro de Argentina como proveedor confiable de materias primas y tierras raras. El abogado Pablo Serdán comentó: “Nos prometen explorar los límites de la tecnología, pero nos mandan de regreso a la mina”.