Colombia vota sobre el futuro del proyecto político de Gustavo Petro

Bogotá. El domingo 31 de mayo, los colombianos serán llamados a elegir un sucesor del presidente Gustavo Petro, quien constitucionalmente tiene prohibido postularse para otro mandato. Las elecciones se consideran una decisión sobre la continuación o el fin del ciclo político que comenzó en 2022, cuando la izquierda llegó al gobierno por primera vez a nivel nacional.

La campaña electoral termina en un clima de fuerte polarización política. En los últimos días, la Fiscalía General abrió una investigación sobre acusaciones de que Petro interfirió indebidamente en la campaña electoral. Al mismo tiempo, continúa la polémica en torno a las grabaciones de audio que se conocieron como “Hondurasgate” (informó América 21), así como las acusaciones mutuas entre el gobierno y la oposición sobre la transparencia del debate público.

Las grabaciones de audio atribuidas al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández -Hernandez fue condenado por narcotráfico en EE.UU. y posteriormente indultado por Donald Trump- documentan una supuesta red de operaciones mediáticas organizadas desde territorio estadounidense para influir en gobiernos progresistas de América Latina, particularmente en Colombia y México. Las grabaciones también contienen evidencia de posibles intentos de intervenir en el proceso electoral colombiano. Hernández rechaza tanto la autenticidad de las grabaciones como las acusaciones que de ellas se derivan.

El gobierno de Petro entra a los últimos meses de su mandato con un historial mixto. El gobierno destaca mejoras en indicadores como la pobreza monetaria y el desempleo, así como la adopción de varias reformas de política social en los últimos cuatro años. Al mismo tiempo, enfrenta críticas por el deterioro de la situación de seguridad en varias partes del país y los limitados resultados de la llamada “Paz Total”. Esta estrategia apunta a negociar simultáneamente con grupos guerrilleros, organizaciones paramilitares y cárteles de la droga para frenar la violencia armada. Sin embargo, el bando gubernamental llega a las elecciones con posibilidades de éxito.

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Las encuestas dan como favorito al senador Iván Cepeda, candidato de la alianza de gobierno Pacto Histórico. El filósofo y defensor de los derechos humanos es hijo de Manuel Cepeda Vargas, un político de la Unión Patriótica que fue asesinado en 1994. La Unión Patriótica fue víctima de una campaña de borramiento político en las décadas de 1980 y 1990 en la que miles de miembros, funcionarios y simpatizantes fueron asesinados. Cepeda también se dio a conocer por sus investigaciones sobre violaciones de derechos humanos, así como por denuncias e investigaciones que contribuyeron al proceso judicial contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Su programa prevé la continuación de las reformas sociales iniciadas por el actual gobierno y el mantenimiento de la política de “Paz Total”.

Su principal rival es el abogado penalista Abelardo de la Espriella, candidato de derecha. Se hizo conocido como abogado de personas vinculadas al narcotráfico, la corrupción y la llamada “parapolítica”, las conexiones entre políticos y grupos paramilitares. Antiguos clientes como David Murcia Guzmán lo acusaron públicamente de malversación de fondos relacionados con procesos judiciales. Petro, a su vez, lo acusó de haberse enriquecido a través de relaciones con estructuras paramilitares y dinero del narcotráfico. De la Espriella niega estas acusaciones y dice que la investigación en su contra ha sido cerrada. Su programa exige un endurecimiento de la política de seguridad, un fortalecimiento de las fuerzas armadas y el abandono de la estrategia de “Paz Total”.

En tercer lugar está la senadora Paloma Valencia, representante del Uribismo, el movimiento político conservador fundado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Como nieta del expresidente Guillermo León Valencia, pertenece a una de las familias tradicionales de la élite política colombiana. Aboga por una política de seguridad dura, fortaleciendo las fuerzas armadas y poniendo fin a las negociaciones con los grupos armados liderados por el gobierno de Petro. Su entorno familiar también se vio envuelto en controversias sobre la propiedad de la tierra: una reciente decisión judicial ordenó que unas 6.000 hectáreas de tierra en el departamento de Vichada, que habían sido propiedad de miembros de la familia a través de varias empresas, fueran reconocidas como terrenos baldíos del Estado y destinadas a medidas de reforma agraria.

Para la historiadora colombiana Diana Carolina Alfonso, la elección representa un choque entre la continuación del proyecto político iniciado por Petro y el regreso de las élites tradicionales al poder. En su opinión, la importancia de las elecciones se extiende más allá de las fronteras de Colombia. Señala un entorno regional que se caracteriza por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la creciente presión de Washington sobre varios gobiernos latinoamericanos y acusaciones de influencia política en los asuntos internos de los estados de la región. Según Alfonso, el resultado electoral será visto como un indicador de hasta qué punto los proyectos políticos progresistas en América Latina pueden mantener su apoyo social y resistir este entorno geopolítico.