Colombia: Se intensifica el conflicto armado en el Caribe

Santa Marta. Paramilitares del grupo Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) realizan un “paro armado” en la ciudad caribeña colombiana de Santa Marta. Tras amenazas contra comerciantes y empresas de transporte, se cierran comercios, se incendian autobuses y coches y se bloquean carreteras.

El gobierno del presidente Abelardo de la Espriella respondió aumentando las fuerzas de seguridad y ordenando la militarización de la ciudad y el vecino municipio de Ciénaga. También anunció el despliegue de más de 600 agentes de policía adicionales.

La escalada fue provocada por un operativo militar el lunes en la zona rural de Santa Marta. Siete miembros de la ACSN fueron asesinados, entre ellos José Luis Pérez Villanueva alias Cholo, quien, según las autoridades, ocupaba un alto cargo dentro de la organización. La ACSN respondió con una mayor escalada. En la localidad turística de Santa Marta y en la cercana Reserva Natural Tayrona, el transporte público quedó parcialmente paralizado. Circulan vídeos de tiroteos en la calle. Según información de En El País, los comercios que permanecían abiertos a pesar de las amenazas recibieron disparos.

La ACSN tiene una presencia de larga data en la Sierra Nevada de Santa Marta y regiones vecinas. Según la Fundación Ideas para la Paz (FIP), la organización está activa en 14 municipios de Magdalena, La Guajira y Cesar. Sus ingresos provienen, entre otras cosas, del tráfico de drogas y de la extorsión a comercios, hoteles, empresas de transporte y actores del sector turístico. La FIP calcula los ingresos mensuales por extorsión entre seis y siete mil millones de pesos colombianos (entre 1,64 y 1,91 millones de euros).

La crisis actual coincide con un cambio fundamental en la política de seguridad de Colombia. Durante el gobierno de Gustavo Petro, la ACSN había participado temporalmente en las conversaciones de “Paz Total”. Las negociaciones de paz se iniciaron en 2024. En este contexto, Petro, entre otras cosas, suspendió temporalmente las órdenes de arresto contra representantes del grupo. Después de asumir el cargo, De la Espriella concluyó este proceso el 28 de agosto. Su gobierno depende más bien de la presión militar y de la subordinación militar de los grupos armados al poder judicial.

¿Pensar fuera de la caja?

Con tu donación podremos acercarte a lo que sucede día a día en América Latina.

Las críticas no sólo se dirigen a la militarización, sino también a la comunicación del presidente. Tras el operativo militar contra la ACSN, ​​De la Espriella amenazó: “Los mandaremos al carajo en una bolsa para cadáveres”. Durante su visita a Santa Marta también apoyó de manera demostrativa la ofensiva militar. Las organizaciones de derechos humanos critican especialmente la retórica que presenta las muertes de presuntos miembros de grupos armados como una demostración de fuerza.

La defensora del pueblo colombiana, Iris Marín, ya había advertido contra tal retrato después de una operación militar anterior en agosto. Las operaciones militares podrían ser legales, explicó, pero no deberían implicar la deshumanización de los oponentes. El Estado debe actuar dentro de la Constitución y el derecho internacional humanitario y no debe competir con grupos armados para ver quién puede ser más cruel.

De la Espriella había ampliado previamente la ofensiva militar a otras regiones del país. En las primeras tres semanas de su mandato, el gobierno ordenó tres ataques aéreos: el 10 de agosto contra una presunta estructura guerrillera del ELN en el Catatumbo y los días 27 y 30 de agosto contra presuntos disidentes de las FARC en el departamento de Guaviare. Según la oficina forense, al menos cuatro menores murieron en los dos últimos operativos. Sólo en el ataque ocurrido en Calarcá el 27 de agosto, tres adolescentes de 15 y 16 años fueron identificados entre los muertos ( informó Amerika21).

A principios de septiembre, un tribunal de Bogotá ordenó que se suspendieran los bombardeos si las autoridades de seguridad tenían información sobre la posible presencia de menores en los campamentos atacados. La medida obliga a las fuerzas armadas a examinar medidas de protección y precaución adecuadas antes de los ataques aéreos. Como resultado, otro tribunal confirmó la suspensión temporal de las operaciones aéreas si no se puede descartar suficientemente la presencia de civiles. No está claro si el gobierno seguirá esta instrucción.