Medellín. El presidente electo Abelardo de la Espriella ha anunciado planes para convertir a Medellín en la sede del Escudo de las Américas regional. La plataforma está destinada a combatir el crimen organizado, el narcotráfico, la trata de personas, el terrorismo y el cibercrimen. Está previsto un centro de coordinación internacional para el intercambio de información de inteligencia, investigaciones conjuntas y entrenamiento de las fuerzas de seguridad.
El proyecto está coordinado por el gobierno estadounidense de Donald Trump y muchos observadores lo ven como una expresión de un retorno a una política de seguridad liderada por Washington en América Latina. Temen que Colombia pierda su independencia en política exterior y se vuelva más subordinada a los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Varios analistas comparan el proyecto con una nueva edición del Plan Colombia (informó Amerika21). Las organizaciones de derechos humanos llevan años señalando los riesgos que supone que las estructuras militares asuman cada vez más tareas de seguridad interna. Amnistía Internacional ha criticado repetidamente el uso de fuerzas de seguridad en conflictos civiles en Colombia y exigió que los derechos humanos y el control civil deben estar en el centro de la política de seguridad del Estado. Advierten que las medidas militares podrían volver a ocupar un lugar central, mientras que las causas sociales de la violencia y el narcotráfico, como la pobreza, la falta de presencia del Estado y la falta de perspectivas, pasan a un segundo plano.
Las declaraciones del presidente electo de que los “criminales” serán obligados a darse por vencidos o “resultados inofensivos” se entienden como una indicación de una estrategia de seguridad mucho más dura. Las organizaciones de derechos humanos llevan años advirtiendo que este tipo de enfoques pueden aumentar el riesgo de violaciones de derechos humanos.
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De la Espriella justificó la decisión diciendo que “la cabeza de la serpiente” del crimen organizado estaba en Medellín. Sin embargo, los críticos ven esto como una imagen problemática de la ciudad, que una vez más asocia a Medellín principalmente con la violencia y el crimen e ignora los cambios sociales, culturales y económicos de las últimas décadas.
Medellín, la capital del departamento de Antioquia, es históricamente un bastión de fuerzas políticas de derecha y está estrechamente vinculada a figuras influyentes de la derecha colombiana. Entre ellos se incluyen, entre otros, el expresidente Álvaro Uribe y el narcotraficante Pablo Escobar.
Las voces políticas de izquierda también recuerdan que la región tiene una larga historia de presencia paramilitar y conexiones entre partes de las élites políticas y económicas y actores armados. Medellín, de todos los lugares, se está convirtiendo en un símbolo de una nueva arquitectura de seguridad, mientras que apenas se discute la responsabilidad histórica de los actores estatales y no estatales por la violencia y las violaciones de derechos humanos en la región.