Bogotá. El fenómeno climático de El Niño ha comenzado en América Latina. Los gobiernos de varios países ya se están preparando para sequías, incendios forestales, inundaciones y tormentas. Los científicos advierten que este podría ser uno de los eventos de El Niño más intensos desde que comenzaron las mediciones. Al mismo tiempo, el cambio climático provocado por el hombre aumenta el riesgo de impactos particularmente graves.
La situación en Colombia es particularmente tensa. El Ministerio de Medio Ambiente y las autoridades de control de desastres advierten sobre un aumento significativo de los incendios forestales, las malas cosechas y las restricciones al suministro de agua potable. Dado que una gran proporción de la electricidad se genera a partir de energía hidroeléctrica, los largos períodos secos también podrían tener un impacto en el suministro de energía y los precios de la electricidad. Por ello, el actual presidente Gustavo Petro anunció que declararía desastre nacional para proporcionar recursos adicionales para medidas de precaución y hacer frente a las consecuencias esperadas.
Al mismo tiempo, el Ministerio de Energía y Minería hizo un llamado al futuro gobierno del ultraderechista Abeladro de la Espriella a continuar con los análisis de riesgos y las medidas de emergencia desarrolladas en los últimos meses. El ministro Edwin Palma advirtió que por razones políticas no se deben descartar estrategias que ya se han desarrollado. De la Espriella asumirá el cargo el 7 de agosto.
Además del impacto inmediato sobre la población y la infraestructura, las consecuencias económicas son cada vez más evidentes. El importante banco suizo UBS advierte que un fuerte episodio de El Niño podría pesar sobre el desarrollo económico de varios países latinoamericanos. El banco ve el peligro de una creciente inflación, altas tasas de interés prolongadas y presión adicional sobre los ya tensos presupuestos nacionales de la región. La agricultura, la pesca, el suministro de energía y las infraestructuras de transporte se verían especialmente afectadas.
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Los analistas ven un riesgo particularmente alto para Colombia. La combinación de una alta dependencia de la energía hidroeléctrica, el aumento de los precios de los alimentos y la electricidad, una inflación persistente y una situación presupuestaria ajustada podría aumentar aún más la presión económica.
Sin embargo, las consecuencias de El Niño no serán las mismas en todas partes. Mientras que Colombia, partes de Brasil y varios países de Centroamérica tienen que hacer frente a sequías, olas de calor y un mayor riesgo de incendios forestales, en Perú y Ecuador aumenta el riesgo de fuertes lluvias, inundaciones y deslizamientos de tierra. Venezuela podría tener problemas para generar electricidad debido a la caída del nivel del agua. En Panamá, se teme que habrá nuevas restricciones al tráfico marítimo en el Canal de Panamá si las precipitaciones se mantienen muy por debajo del promedio. Argentina, por otra parte, podría beneficiarse de condiciones de lluvia más favorables y mayores rendimientos en el cultivo de cereales y oleaginosas. Por lo tanto, los gobiernos de la región han activado sistemas de alerta temprana y proporcionado recursos adicionales para la protección contra desastres.
Los meteorólogos suponen que El Niño podría durar hasta principios de 2027. Las organizaciones internacionales advierten que el tiempo restante debería utilizarse para tomar medidas de precaución. Aunque el cambio climático no causa El Niño, sí aumenta la probabilidad de impactos extremos y con ello los costos sociales y económicos para los países latinoamericanos.