Bogotá. A tres semanas de las elecciones presidenciales en Colombia, las autoridades de control y los observadores electorales advierten sobre amenazas de grupos armados contra votantes en cientos de comunidades en todo el país. En un foro organizado por la revista Cambio el jueves pasado, expertos explicaron los riesgos para las garantías democráticas básicas en varias regiones de Colombia.
Hay advertencias de intimidación, coerción y restricciones a las campañas electorales en varias zonas de conflicto. En ese contexto, el director nacional de atención de denuncias de la Defensoría del Pueblo afirmó que la situación es particularmente preocupante en el suroeste del país. Estos incluyen los departamentos de Cauca, Valle del Cauca y Nariño, donde se registran la mayoría de los mensajes de alerta que requieren acción inmediata.
Iván Cepeda, candidato presidencial de la actual alianza gobernante Pacto Histórico, hizo una declaración pública el pasado martes por la difícil situación. Anunció que pondría a disposición de las autoridades toda la información que había recopilado sobre influencias indebidas en el proceso electoral. Entre ellas se encuentran, en particular, las regiones en las que están activos grupos armados disidentes de las antiguas FARC, la organización guerrillera ELN o el sindicato del crimen y la droga Clan del Golfo.
Cepeda condenó expresamente cualquier forma de influencia sobre el electorado, incluidas amenazas “abiertas o encubiertas” o restricciones a las actividades de campaña de otros campos políticos. Además de Cepeda, otros candidatos presidenciales también rechazaron unánimemente cualquier intento de actores armados de influir en el proceso electoral mediante la intimidación.
La institución estatal Defensoría del Pueblo ya había advertido en febrero que la respuesta del Estado a la amenaza al proceso electoral fue inadecuada. Sólo se ha implementado el 42 por ciento de sus recomendaciones, mientras que el número de comunidades en riesgo ha aumentado. En un informe de seguimiento sobre la alerta temprana de riesgos electorales, la institución ya lo afirmó claramente en 2025: “El peligro no reside en la cancelación de las elecciones, sino en la consolidación de una democracia puramente formal en determinadas regiones, que ignore el silencio forzado de la población bajo el dominio de los grupos armados”.
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Según la Defensoría del Pueblo, 670 de los 1.103 municipios de Colombia, casi el 61 por ciento del país, tienen algún nivel de riesgo. En 69 casos, la autoridad emitió una advertencia requiriendo acción inmediata. Al mismo tiempo, el número de municipios clasificados como extremadamente vulnerables aumentó un 65,31 por ciento, de 49 a 81, en comparación con las últimas elecciones.
Por su parte, la misión independiente de observación electoral MOE identificó 170 municipios en particular riesgo de sufrir irregularidades electorales debido a la violencia. Según sus estimaciones, 4,5 millones de electores podrían verse afectados, lo que corresponde a alrededor del once por ciento del censo electoral nacional.
El último informe de las Naciones Unidas sobre la implementación del acuerdo de paz de 2016 también advierte sobre las amenazas constantes a la participación política en varias partes del país. Regiones como Catatumbo, Cauca y Guaviare continúan experimentando desplazamientos, cierres y enfrentamientos armados entre grupos ilegales.
Según las encuestas electorales actuales, Cepeda lidera con un 37,2 por ciento, seguido por el candidato de derecha Abelardo de la Espriella con un 20,4 por ciento y Paloma Valencia del Centro Democrático, el partido del ex presidente conservador de derecha Álvaro Uribe Vélez, con un 15,6 por ciento.
Todo apunta a una segunda vuelta electoral el 21 de junio. Cepeda también vinculó públicamente el debate con futuras negociaciones de paz: Mientras los líderes sociales sean asesinados y los ciudadanos y las instituciones estatales sean sometidos a presiones violentas, no puede haber diálogo.