Buenos Aires. En una sesión especial, la Cámara de Representantes aprobó el proyecto de ley del gobierno para flexibilizar el mercado laboral. La decisión se tomó poco después de la medianoche del viernes.
En la Cámara de Representantes, la oposición dominó el debate de diez horas, pero el bloque gubernamental en torno al partido “Freedom Moves Forward” (LLA) de Milei obtuvo la mayoría con 135 votos, 115 en contra. El LLA contó con el apoyo de sus aliados de centroderecha PRO, UCR y MID. Se sumaron parlamentarios de partidos pequeños de varias provincias, incluida la mayoría del bloque “Provincias Unidas”, algunos con la aprobación de los gobernadores peronistas.
La peronista “Unión por la Patria” (UP), el Frente de Izquierda, la Coalición Ciudadana, el “Encuentro Federal” y disidentes de izquierda de las “Provincias Unidas” votaron en contra de la ley.
Presionado por sus aliados, el gobierno decidió suprimir el controvertido artículo 44, que preveía la reducción del derecho a vacaciones en caso de accidentes y enfermedades. Se mantuvo el despido simplificado sin previo aviso y se modificó ligeramente el cálculo de las indemnizaciones para beneficiar a los afectados. También se mantuvo la flexibilización de las regulaciones sobre vacaciones y horas extras.
Las empresas deben seguir creando un fondo con un sistema de capitalización -ahora escalonado según el tamaño- para cubrir las indemnizaciones por despido y otras obligaciones derivadas de los despidos. La eliminación de diversas categorías profesionales, entre ellas la de periodistas, así como la del Instituto Nacional de Cine y Cine INCAA, se pospuso para 2027/28.
A pesar de estos ajustes, la oposición coincidió en que las normas previstas “pisootean los derechos de los trabajadores” y eran “otro fraude de la élite”. Natalia de la Sota, de la alianza electoral “Defendamos Córdoba”, dijo que “se legalizará el empleo precario”.
Máximo Kirchner, de la UP, temía que la ley entregara a los jóvenes a sus empleadores y aumentara su tasa de suicidio. El diputado de izquierda de la UP, Juan Grabois, pidió “no convertirnos en verdugos de los débiles”. El líder del grupo parlamentario de la UP, Germán Martínez, consideró el proyecto “inconstitucional porque limita la autonomía de las provincias”.
Sólo unos pocos diputados defendieron explícitamente la ley. Pamela Verasay, de la “Unión de Ciudadanos Radicales”, explicó: “Sabemos que los cambios estructurales desencadenan debates desagradables, pero son necesarios”. Destacó que las nuevas normas ofrecerán a ambas partes una mayor seguridad jurídica.
El texto modificado de la ley vuelve ahora al Senado. Allí el gobierno intentará aprobarlo finalmente antes del inicio de la sesión ordinaria el 1 de marzo para que Milei pueda demostrar éxito en su discurso inaugural.
Hubo protestas masivas paralelas al debate parlamentario. Numerosos sindicatos, grandes y pequeños, incluidos trabajadores del petróleo y del metal, pilotos y empleados públicos, se unieron a la huelga general iniciada por la CGT (“Asociación General de Trabajadores”) de orientación peronista, de modo que el funcionamiento de autobuses, trenes y metros quedó restringido durante 24 horas.
Según la CGT, el 95 por ciento de los empleados participaron en la huelga, que fue “sólo el comienzo”. La dirección de la CGT reiteró su rechazo a la ley, pero dejó abierta la protesta contra la segunda deliberación del Senado.
El líder del sindicato de funcionarios ATE, Rodolfo Aguiar, atacó al gobierno y propuso una legislación. “Estamos gobernados por una banda criminal que es consciente de la criminalidad de sus acciones”, dijo Aguiar. “Los gobernadores y diputados que votan a favor son cómplices”.
Según una encuesta a nivel nacional, el 71,9 por ciento de los argentinos en general está de acuerdo con la huelga. La encuesta realizada por la consultora Zentrix también mostró una disminución significativa del apoyo a la reforma laboral prevista. Mientras que en noviembre de 2025 el 55 por ciento apoyaba la reforma, ahora la cifra es del 48,6 por ciento. Según Zentrix, la razón es que “el contenido de la reforma se discute más detalladamente y su impacto en el mercado laboral se vuelve más visible”.
Sin embargo, estos valores no significaron necesariamente un rechazo a la reforma, sino que reflejaron una polarización creciente de la sociedad. Según Zentrix, pasó de ser una “iniciativa con amplio consenso” a convertirse en una “pronunciada controversia”. Ante la caída del consumo, el cierre de 21.000 empresas y la pérdida de más de 300.000 puestos de trabajo registrados, “el fuerte apoyo a la huelga podría interpretarse como una expresión de descontento económico reprimido”.