SanSalvador. Hace más de cuatro años se declaró en El Salvador un estado de emergencia, planificado como una medida temporal para combatir la violencia de las bandas criminales en El Salvador. En su último informe presentado el miércoles, Amnistía Internacional (AI) llegó a una conclusión devastadora: la supuesta política de seguridad se ha solidificado hasta convertirse en un sistema permanente de arbitrariedad que promueve y legitima violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Las prácticas documentadas son tan graves que, según la organización, podrían constituir crímenes contra la humanidad.
Las estadísticas de la crisis son alarmantes: más de 90.000 personas han sido detenidas desde que comenzaron las medidas; El 3,3 por ciento de los hombres de El Salvador están en prisión. Al menos 470 personas han muerto bajo custodia estatal sin que se investiguen las causas. Miles de familias aún no tienen claro el paradero, la salud o la situación jurídica de sus familiares.
El punto de partida de la investigación fue la cuestión de hacia dónde iría el Estado con sus medidas durante el estado de emergencia y cuál sería el precio que tendría que pagar la población. La investigación se basa en varias visitas, análisis de expedientes y más de 100 entrevistas con víctimas, abogados y policías en activo y retirados. Estos últimos denuncian una enorme presión institucional: las cuotas de arrestos determinan la vida cotidiana y los expedientes se falsifican para dar a los arrestos arbitrarios una apariencia de legitimidad. Un lugar de residencia estigmatizado, una apariencia física o una acusación anónima suelen ser suficientes para poner tras las rejas a ciudadanos inocentes.
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El poder judicial ha perdido en gran medida su función de control. Los jueces suelen desestimar las acusaciones colectivas sin control y sin pruebas. “La seguridad no debe basarse en la arbitrariedad, la tortura y las desapariciones forzadas”, advierte Ana Piquer, directora de AI para las Américas. El Estado está obligado a proteger a la población de la violencia, pero este deber no justifica los crímenes. Las violaciones de derechos humanos documentadas probablemente constituyen crímenes de lesa humanidad debido a su carácter general, repetitivo y sistemático.
Amnistía pide al gobierno de El Salvador que ponga fin al estado de emergencia y a las graves violaciones de derechos humanos, como detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos, y que restablezca las garantías jurídicas para la población. Los procedimientos judiciales deben seguir requisitos constitucionales e internacionalmente vinculantes. Las violaciones de derechos humanos deben ser investigadas y los responsables deben rendir cuentas.
El informe completo se puede leer en inglés aquí.